Pasaron casi quince días y no tuve ningún mensaje ni llamada de Eric. Pensé que quizás, si lo presionaba demasiado se asustaría y huiría de mí, pero ya le di suficiente espacio. Por lo tanto, decidí armarme de valor y al fin comunicarme con él. Cuando el teléfono sonó dos varias veces y no me contestó, pensé que era momento de rendirme, pero al fin atendió, y no había vuelta atrás. ¿A quién quiero engañar? Desde el momento en que durmió conmigo no había vuelta atrás. -Charlie, hola… ¿necesitabas algo?- pregunta del otro lado. Y mi emoción se disipa como niebla siendo barrida por una cálida brisa. -Hey… no. Llamaba para ver cómo estabas y si quisieras hacer algo… conmigo. Sólo si querés. –tartamudeo, me trabo, todo lo malo que podría suceder durante una llamada, acaba de pasar. -Ah

