Mis pies golpearon el frío suelo cuando Adán me dejó en un cuarto de baño revestido de mármol blanco con detalles dorados que era mucho más grande que cualquier apartamento en el que hubiera vivido. A cada lado había un tocador con armarios blancos y mármol. Junto con las paredes de espejo, el efecto era casi cegador. Parpadeé un par de veces para que mis ojos se adaptaran a la luz brillante. No una, sino dos enormes arañas de cristal se alineaban en el centro del techo. Nunca había conocido a nadie que tuviera lámparas de araña en el baño. Para ser sincera, nunca había conocido a nadie que tuviera una, hasta ahora. La gente de mi barrio tenía una bombilla desnuda colgando de un cable. Decidí que si me refería a ellas como lámparas de araña con un diseño minimalista, podría sonar con más c

