La imponente presencia de Ángelo dominaba el espacio, haciendo que la limusina redujera su tamaño a la mitad. Intenté hacerme pequeña. Me aparté de él y centré mi atención en la ventanilla mientras pasaban las escenas del centro de la ciudad. Un tipo paseando a su perro, un corredor y tres hombres trajeados. Gente normal haciendo cosas normales. Una inesperada punzada de nostalgia se apoderó de mí y la aparté. Así era mi vida, comprada y vendida por hombres poderosos. Fingí que no estaba pendiente de cada palabra de Ángelo ni le miraba de reojo. Lo último que necesitaba era que me mataran y me tiraran a una cuneta en algún lugar por haber escuchado accidentalmente un asunto ilegal de la mafia. De su parte de la conversación deduje que estaba negociando una adquisición hostil de otro negoc

