Nyx bajó del auto frente a la mansión y respiró hondo. El aire frío de la tarde le acarició el rostro y una punzada atravesó su pecho. Por fortuna, y pese a que estuvo de compras toda la mañana, los rayos del sol todavía iluminaban del todo el jardín, pero la entrada ya estaba llena de actividad. Las camionetas que la habían escoltado se detuvieron y de inmediato, la servidumbre comenzó a retirar del interior, una enorme cantidad de bolsas con las compras que Nyx había realizado. Al tiempo que en la entrada se detenían dos camionetas de carga, que habían llegado con los muebles que Nyx había elegido en diferentes tiendas. Con una ligera sonrisa, Nyx dio un paso firme hacia la entrada, donde un grupo de sirvientes ya la esperaba. Irina, quien estaba a su lado, estaba ansiosa, nerviosa y

