Boris, entra a la habitación porque la puta sirvienta no cerró bien la puerta me mira con sus penetrantes ojos marrones, y por supuesto, lleva puesto el maldito collar que esa maldita pequeña le puso. Se sube a la cama y sus ojos oscuros siguen cada uno de mis movimientos, como si intentara leerme, entender lo que pasa por mi cabeza. Le doy una rápida mirada, pero vuelvo a beber y a concentrarme en el habano. A veces pienso que ese maldito perro me conoce mejor que nadie, y no estoy seguro de que eso me guste. Le doy otra calada al puro, sintiendo el humo llenarme los pulmones, pero incluso eso no es suficiente para borrar la imagen de Nyx. Su cuerpo, la forma en que me miraba con esa maldita rabia... Esas malditas curvas que me provocan más de lo que quiero admitir. Me enciendo solo con

