El trayecto fue silencioso, lo único que se escuchaba entre ellos era el ligero ruido de la calefacción y el crujido de la nieve bajo las ruedas. Aquel invierno había sido extraño, el frio no había sido intenso, pero esa tarde la nieve estaba presente. Los ojos de Valentina se posaron en Dmitry, quien mantenía la vista fija en la carretera, sus rasgos se mostraban serios y controlados como siempre. Ella se preguntó qué estaría pensando, pero Dmitry no dio señales de querer compartir nada. Llegaron a un restaurante pequeño, con luces cálidas parpadeando en el frío exterior. Dmitry salió del auto y rodeó el vehículo para abrirle la puerta. Valentina descendió, agradecida por el gesto, pero también notando el silencio casi militar con el que él lo hacía. Dentro, el ambiente era acogedor, p

