—Bienvenido —dijo Aleksei, su voz fue firme y carente de cordialidad excesiva, mientras le extendía una mano. El mexicano, con su porte dominante y un aura que destilaba peligro, aceptó el saludo; el intercambio fue breve. Valentina y Nyx observaban desde unos pasos atrás, manteniéndose discretas, aunque la presencia del hombre irradiaba un gran magnetismo. Sin embargo, cuando sus ojos recorrieron la sala y se posaron en Irina, hubo un destello apenas perceptible, un brillo fugaz que logró ocultar con destreza bajo su fachada indiferente. Irina no llevaba uniforme esta vez; su atuendo era sencillo pero elegante, y su cabello caía en suaves ondas sobre sus hombros. Se sintió desnuda bajo la mirada intensa del mafioso, quien no apartó la vista de ella mientras asentía ligeramente en recono

