Por la mañana, un olor delicioso entró por mis fosas nasales. Tardé un poco en abrir los ojos; el cuerpo me dolía en ciertas partes y solo después de unos segundos recordé que estaba en la habitación. Ezra me había traído aquí después de lo que pasó en el comedor.
Pasé las manos por mi cabello, todavía incrédula.
Me había entregado a él… nunca lo había hecho con nadie antes. Sí, salí con un par de chicos después de que dejé mi casa, pero tras una primera cita ellos desaparecían y no volvían a llamarme. Llegué a pensar que era insoportable, que nadie me quería jamás, estaba cansada de intentar tener una relación sana y empezaba a pensar que esto de las relaciones no era lo mío, después de todo también llevaba una vida falsa.
Eso fue hasta que apareció Ezra. Él me creyó, me ayudó y me protegió. Además era guapo, amable y bueno. Un hombre así no podía estar soltero…
Me reí...
Pero luego lo pensé un minuto.
¿Y si no está soltero?
No puede ser… tal vez tiene esposa e hijos y yo soy solo la amante que mantiene escondida en su departamento.
Me levanté de inmediato, me coloqué la ropa y salí de la habitación.
Ezra estaba en la cocina, preparando el desayuno. Cuando levantó sus ojos castaños y me miró, una amplia sonrisa se dibujó en sus labios.
Joder… se veía tan sexy cocinando. Definitivamente no podía ser tan perfecto.
—Buenos días —saludó con naturalidad—. Casi termino el desayuno, espero que tengas hambre.
—Ammm… ¿no tienes una familia oculta o algo así?
—¿Qué? —se detuvo, sorprendido, mirándome con el ceño fruncido.
Eso sonó tan estúpido…
—Es que… eres tan perfecto que me cuesta creer que estés soltero. Y, de pronto, pensé en la posibilidad de que tengas una esposa e hijos, y yo sea la amante que trajiste a este increíble departamento y ahora voy a ser tu secreto.
Ezra me observó en silencio mientras colocaba la comida en los platos. Ese silencio me estaba torturando.
—No tengo esposa ni tampoco hijos allá afuera —aclaró al fin, dejando el plato a mi lado. Luego me dio un beso en la frente—. Y la única mujer con la que quiero estar ahora, es contigo.
Se inclinó y me besó en los labios. Sus labios eran suaves y dulces, besaba demasiado bien y por el sabor, seguramente había probado la comida, aún podía sentirlo. Me sujeté de sus hombros cuando el beso se hizo más intenso, cuando su lengua invadió mi boca y encendió en mí ese palpitar en la intimidad. El mundo alrededor se desvaneció y entonces solo éramos los dos. Hubiera seguido, pero fue él quien se separó despacio, mirándome fijamente.
—Tenemos que desayunar —señaló los platos—. La comida se enfría.
Reaccioné al instante y, al ver lo delicioso que se veía todo, mi estómago también rugió.
—¿Siempre cocinas así de bien?
—Solo cuando hay alguien que quiero que disfrute mi comida.
Sonreí, sintiendo cómo mis mejillas ardían, seguramente ya estaban rojas. Para disimular, tomé el tenedor y probé el tocino. Estaba en su punto, delicioso. Después probé los huevos y lo demás. También había un postre de frutas, fresco y exquisito.
Apenas terminamos, Ezra volvió a besarme.
Terminamos en la cama otra vez; sus manos recorrieron mi cuerpo, sus labios me devoraron y volvió a estar dentro de mí. Esta vez fue más intenso, más pasional, cada movimiento se sentía hasta lo más profundo.
Después lo hicimos en la ducha. Se suponía que iba a ayudarme a limpiarme y vestirme, pero él me siguió.
—¿No estás cansado? —pregunté entre jadeos.
—Jamás me cansaré de ti —susurró contra mi piel.
Su boca descendió directo a mi pecho. Gemí al sentir su lengua moviendose, le sujeté del cabello mientras me presionaba contra la pared, levantándome de pronto para volver a pen.etrarme. De haber sabido que el se.xo podía ser así de maravilloso, lo habría hecho hace años. Nunca imaginé que se podían sentir tantas sensaciones, tanto placer.
—Creo que debería irme —murmuré ya por la tarde.
Ezra estaba recostado boca arriba, los ojos cerrados, pero sabía que no dormía. Aunque apenas llevábamos un día juntos, ya había descubierto pequeñas cosas de él: cocinaba con la izquierda, lo que significaba que era zurdo; le gustaba tener todo limpio y en orden, aunque fuera un detalle mínimo como un plato sobre la mesa, se tomaba el tiempo para ir a dejarlo a la cocina, lavarlo y colcoarlo en su lugar. La cocina, definitivamente ese era su lugar, se notaba que le gustaba cocinar; y también disfrutaba de recostarse boca arriba con los ojos cerrados aunque no estuviera dormido.
Tal como lo supuse, abrió los ojos y me miró.
—¿Irte?
—Antes de que anochezca —respondí—. Te pedí solo pasar una noche. Has sido tan bueno conmigo que no quiero aprovecharme.
Se incorporó un poco, apoyando la espalda contra la pared. Con suavidad, movió mi cabello y lo colocó detrás de mi oreja.
—Y yo te dije que iba a ayudarte.
Sonreí, aunque por dentro se me encogía el corazón. Ezra era tan bueno… y justamente por eso no podía arrastrarlo al fango en el que mi padre me había metido. Ahora que huí de la boda, todos deben estar buscándome. Mi padre va a querer acabar conmigo. Y Dominik Mancini… ese hombre no es de los que aceptan un rechazo, estoy segura que me buscará solo para tener el placer de torturarme y quitarme la vida. Tendré que irme muy, muy lejos, desaparecer, incluso fingir mi muerte si es necesario. Puede sonar exagerado, pero estoy desesperada. Y si me encuentran aquí con Ezra, podrían hacerle daño a él también. Jamás me lo perdonaría.
—No puedes ayudarme, Ezra —dije con firmeza—. Estoy condenada, hay personas muy peligrosas detrás de mí.
—Voy a correr ese riesgo. Vale la pena —expresó acariciando el dorso de mi mano.
—Empezando por mi padre —insistí—. Si descubren que me ayudaste, él querrá destruirte. Es mejor que no te relacionen conmigo.
—Cameron, ya te lo dije. No pienso dejarte ir.
Negué con la cabeza.
—Lo siento mucho, Ezra. Si te pasa algo por mi culpa, jamás podría perdonármelo.
Intenté levantarme, pero su mano me detuvo. De un tirón me hizo volver a la cama, quedando encima de mí en un segundo. Sus ojos brillaban con ese destello decidido; ya sabía lo que iba a decir antes de que hablara.
—No voy a permitir que te vayas. Te quedas aquí, conmigo. ¿Lo entiendes?
Su voz sonó firme, profunda, y antes de que pudiera responder volvió a besarme. Sinceramente es que tampoco quería irme. Ezra tenía esa aura confiable que me hacía desear quedarme a su lado. No sé si uno puede enamorarse tan pronto, pero había algo dentro de mí que ya sabía que él estaba metiéndose en mis pensamientos… y en lo más profundo de mi ser.