Bajamos de aquel avión, Aramis tomaba mi mano con fuerza, pero sabía que él se estaba conteniendo, puesto que si utilizara todo su poder, es probable que a estas alturas tuviera quebrada incluso el alma. —¿Qué país es este? —Santorini. Aramis me condujo hasta un resort privado, el agua era azul cristalina y las luces azules hacían que este sitio se viera surreal. Nos detuvimos en medio de una pista de cristal y aquel hombre se puso delante de mí. —¿Me permite esta pieza, mi Lady? —él extendió la mano y yo la tomé. Quizás esto era una locura, no lo sé, pero lo que sí sabía era que quería disfrutar de este momento. Después de todo lo que había pasado con Ricardo, era lo más justo. —¿En qué piensas tanto? —En lo rápido que están sucediendo las cosas, tuve una mala experiencia y créeme

