Acelerado como está, tenía muchas preguntas por hacerle a Anthoni. Lo veo preocupado, al pendiente de mí, va manejando, buscando la salida del estacionamiento y eventualmente voltea a mirarme. Mientras la camioneta avanza en el espacio techado, miro por la ventana, esta situación me recuerda las veces que me ha tocado salir huyendo de Rodirgo y sus hombres. Los recuerdos me llegaron de golpe, y en seguida mi mente y mi corazón recordaron a Gael. «Mi hijo, ¡Por Dios! ¿Qué será de él?» Pienso apretando los labios y las manos en un puño al sentir la tristeza y la frustración llegarme de pronto. La mano de anthoni sobre mi mentón apretandolo ya no en manifestación de enojo sino de manera cariñosa, me dejó paralizada. Con lo tosco que es no esperé esto. No pude voltear a mirarlo, los ojo

