Sonrío ya que es verdad lo que dijo Zah, no se colocar una simple toalla en su cabeza. Me siento a su lado, ella coloca sus rodillas pegadas a su pecho. Mi toalla le cubre todo excepto los brazos, hombros, cuello y rostro.
— ¿Cómo te sientes? — ella me mira, pero no responde, aunque hay un ligero movimiento en sus labios. Por un momento creí que me iba a responder — ¿estas enojada porque grite? — ella niega de inmediato— ¿Te duele la mandibula? — duda, pero asiente— ¿mucho? — niega.
Nos quedamos en silencio. Ella vuelve a mirar mi ojo o tal vez es la cicatriz. Creo que es la unica persona que me mira fijo, incluso la Líder evita hacerlo ya que sabe que me incomoda, pero ella parece fascinada con eso.
— ¿Quieres tocar? — ella aparta la mirada de inmediato— Estoy hablando en serio, no es sarcasmo.
Sus ojos se centran en mí. Los adoro a pesar de que tenga una obsesión con mi cicatriz. Veo como sus dedos rascan la tela del mueble, pero dudosa levanta la mano, se detiene a centímetros de mi rostro y yo le sonrío.
«Tal vez con esto su obsesión termine.»
Ella comienza desde la cima, desde mi ceja, cuando baja cierro los ojos hasta que su dedo llega a mi pómulo. No hay asco en su mirada. Mi corazón empieza a latir más rápido y debo controlarlo ya que me va a delatar. Aun no sé qué tan sensible sea su sentido de la audición. Apenas termina de tocar mi cicatriz su mano vuelve al mueble, pero sus ojos no se despegan del mismo lugar donde estuvieron siempre.
«Al parecer no funciono»
—Horrorosa, ¿cierto? — sonrío sin ganas, pero ella niega.
—Es... orgullo.
—No entiendo lo que quieres decir.
Ella suspira. Tiene algo de rubor en sus mejillas. Vuelve a rascar el mueble y me mira de nuevo.
—Las cicatrices... demuestran...— aunque no hace muecas, sus pausas al hablar son notables.
—No tienes que forzarte, entiendo que te duele.
«Idiota, estas haciendo que se sobre esfuerce»
—Valentía, esfuerzo. Eres un guerrero tenaz.
—Si tan solo supiera— murmura Zah.
No es una burla. Ese día ambos sentíamos lo mismo, aunque la idea fue mía no sentí que él se oponía ni por un segundo, ese día ambos queríamos desaparecer.
¡Tum, tum, tum!
Ella agarra mi mano. Kurt siempre toca la puerta como si la fuera a tirar.
—Huyamos — suplica. La miro y sonrío para tranquilizarla.
—Todo va a estar bien, el Alfa Kurt es mi amigo.
— ¿Sabes que su puma esta furioso? — inquiere Zah, pero lo ignoro.
—No, él nos va a matar. ¡Tú ibas a matar a su compañera!
Ella intenta levantarse jalando mi mano, pero yo me coloco sobre de ella, de inmediato siento sus dos manos en mi pecho intentando empujarme.
—No, ¡tenemos que huir!
—¡Marcus abre la puerta! — gruñe Kurt.
Por primera vez la escucho soltar un sonido animal, entre un llanto y un alarido. Muy único que me removió el estómago, pero todo empeora cuando la siento temblar y sus lágrimas comienzan a caer. Ambos escuchamos como la puerta es abierta.
—Nos mataron— murmura y la abrazo.
—Kurt, por favor. Necesito más tiempo. Debo calmarla.
Coloco mi mano en su rostro, con mi pulgar limpio sus lágrimas. Ella está sollozando.
—Kurt— lo nombra la Líder y él cierra la puerta.
—Debes acariciarla más, si no lo haces ella se bloqueará.
No entiendo la lógica de Zah. ¿Tocarla más a pesar de que sufrió abuso? No creo que mis caricias la calmen, es más creíble que la alteren, pero Zah siempre ha sido terco y me quita el control de mis brazos. Coloca una mano detrás de su cabeza y otra en su espalda baja para así levantarla y sentarla sobre nuestras piernas. Ella no se asusta, pero tampoco se calma. Sus manos tiemblan a pesar de que descansan sobre su pecho, ella intenta morder sus labios para no seguir sollozando.
—Nunca dejaré que te hagan daño. Ellos son unos Líderes justos y entienden nuestros instintos— dejo de sostener su cabeza y coloco mi mano en su cachete, por fin logro que me mire— ahora saben que eres mi compañera y un macho haría hasta lo imposible para cuidar a su compañera.
—¿Y si te lastiman?
Zah ronronea mientras inclina su cabeza un poco sin dejar de verla, incluso creo que sus ojos brillan un poco más. Por mi parte mi corazón late más rápido. Ella está preocupada por nosotros.
—Si tengo que aguantar un par de latigazos está bien, no me darán pena de muerte— ella acerca su rostro al mío— cerecita, me lastima más que llores y no confíes en mí. Eso desgarra mi alma y aniquila mi orgullo como macho. Tu miedo me hace pensar que no confías en el compañero que tu Dios te dio.
—Perdón, pero no quiero que te dañen.
—Lo entiendo y agradezco tu preocupación, pero yo sabía las consecuencias de ocultarte, de no avisar de tu llegada y sabía muy bien lo que me podía pasar si me enfrentaba a la Líder.
—Si huimos yo prometo hacer todo lo que tú quieras— ella acerca más su rostro al mío y dejo de respirar — es más seguro huir.
Zah solo es una bola de ronroneos con una cola que se agita de un lado a otro. No puede estar más embobado con ella, incluso yo quiero, pero de solo recordar todo lo que Kurt hizo por mí empiezo a dudar. Lo más mínimo que debo hacer es dar la cara antes de irme.
—Se que huir siempre parece la mejor solución, por un tiempo fue mi solución favorita, pero deje de pasar mi vida huyendo y no sabes cuánto ha mejorado— ella deja de mirarme y agacha un poco la cabeza— si me voy es porque decido hacerlo, no porque no me queda otra opción.
—Entonces quedémonos, pero yo no voy a dejar que te lastimen.
Me mira seria. Sus ojos tienen parecen haberse oscurecido uno o dos tonos y sus dedos reposan en mi pecho.
—Yo debo recibir alguna reprimenda por lo que hice— acaricio sus cachetes y ella cierra los ojos— si eso llega a seceder necesito que no intervengas.
Frunce el ceño, pero no se queja. Mis ojos bajan hasta su cuello. Desde que me coloque sobre ella la toalla se soltó y su cabello ahora está sobre sus hombros, pero aun así gran parte de su cuello esta libre.
—Debemos...— carraspeo ya que mi voz esta ronca— debo vestirte.
Ella se levanta. Zah se aferra a una de sus manos, yo me permito respirar. Me levanto del mueble y dejo que ella me guie al dormitorio, mis ojos sin querer van a su culo hasta que ella deja de caminar y es cuando me doy cuenta de que ha abierto la puerta. Rapido la cargo antes de que piense caminar descalza entre el desastre que hice.
Ella no parece afectada, pero aun así hago que se pegue a mi pecho, siento su cabeza en mi pectoral y acaricio una de sus rodillas mientras me adentro hasta llegar al closet y agarrar una camisa y un shot. Ella toca mi abdomen y me detengo, estira su mano intentando llegar al cajon y me acerco, abre el cajon y después la bolsa donde tiene su ropa interior cuando ya tiene lo que necesita salgo del dormitorio y me voy a una habitación de invitados, solo hay una cama individual con dos almohadas.
—Es temporal— le asegura mientras la dejo sobre la cama.
Me sorprendo cuando ella se quita la bata en sin importarle que este en frente de ella. Trago mientras veo sus senos, son grandes y al parecer pesados para su piel ya que caen un poco como dos higos enormes. Cuando ella duda en colocarse el sostén es que dejo de mirar tan fijo, finjo interesarme por el techo hasta que agarra la camisa y vuelvo a mirarla. Apenas termina con el short me subo a la cama.
— ¿Sabes el protocolo para recibir a un Alfa y su pareja? — ella niega. — es simple, solo agacha la cabeza y cada vez que te dirijas a ellos debes decir su rango primero, por cierto a la compañera del Alfa le gusta que le digan Líder, no Luna.
—Entiendo.
Ella agacha la cabeza. Esta muy seria, con cuidado me acuesto detrás de ella y veo como voltea y se acuesta pegada a mí, estoy en el borde de la cama.
—¿Confías en ellos?
—Les daría mi vida, son mi familia y sé que ellos te aceptaran como un m*****o más de la suya— ella pega su cara a mi pecho.
—Nunca tuve una familia.
—¿Puedo saber que paso con tus padres?
—Nunca conocí a mi padre, pero sé que mi madre era mestiza, aunque no recuerdo en qué se transformaba. — acaricio su cachete y ella suspira— cuando cumplí cuatro me dejo en un convento, supongo que ya sabia...— se queda callada de golpe y me mira.
—Puedes confiar en mí, pero entiendo que hay cosas que llevan tiempo contarlas.
—Nunca volvió por mí y no fue hasta los trece años que me di cuenta de que ella nunca volvería.
—Cerecita, tal vez...— dudo en decirlo— yo conozco a mí madre, pero ella también me abandono, esporádicamente la veo, sin embargo, sé que no pudo establecer una buena relación conmigo ya que soy producto del abuso de mi padre a ella y me parezco mucho a él.
Ella me mira y ahora es ella quien coloca su mano en mi cachete y me acaricia, no puedo evitar cerrar los ojos.
—Mi padre es humano, ella lo dijo. No hay forma que un humano fuerce a una Cambia Forma— dejo de sonreír— no la odio, no todas las mujeres están hechas para ser madres.
Nos quedamos un rato acostados, no me atrevo a abrir la boca de nuevo. Ninguno de los dos se duerme, aun no creo que no intente escapar de nuevo.
Tum, tum, tum.
Ella se sienta de golpe y yo agarro sus manos, le sonrío y ella asiente. Me levanto primero y la ayudo a levantarse. Al menos esta vez Kurt toco la puerta como un ser decente y no un animal.
Hago que se siente en el mueble y tiro la toalla al pasillo. Sin más abro la puerta, recibo de inmediato una mirada enojada de Kurt, la Líder viene detrás y me tenso al ver a Peter y Marvin. Todos entran a la casa y yo me apresuro a colocarme al lado de mi compañera, ambos hacemos la reverencia ante nuestros Líderes, pero de reojo noto que tiene ganas de llorar así que agarro su mano y la coloco detrás de mí.
—Alfa Kurt, le doy mis más sinceras disculpas y suplico perdón a la Líder por mi comportamiento.
Solo hay silencio y eso no me gusta. Zah se mantiene en guardia.