18.

1943 Words
— ¡Levántate! Me agarra por el cabello. No grito, solo dejo que él me arrastre. Sé que le gusta esto, sé que le gusta mostrarles a sus nuevos guerreros como él puede tratar a sus posesiones. Cuando suelta mi cabello es porque estoy en frente de ellos, mantengo mi cabeza agachada. Sé que me están viendo, puedo sentir sus ojos en mis senos. Hace frío. Tengo días sin ropa. —Es un desastre que siempre me mete en problemas— él se ríe— pero un desastre muy bueno para mirar y sin tan solo pudieran tocarla... — él gruñe excitado. —¡POR QUE TENIA QUE SALIR! Abro los ojos. Veo la tela marron y como puedo me hago más pequeña. Esa es la voz de Marcus. Coloco mis manos en mi rostro, tapándolo. «¿Ahora qué hago? » Me odia, aunque él no quiera decirlo. Seguro no me ha echado o golpeado solo porque esta atontado por ese lazo que nos une. Si hubiera sabido que ella era una mujer importante no la hubiera apartado. Ya me he dejado golpear antes. Fue un instinto, no quise causarle problemas. No quería esto, quería irme para evitarle dolor y ahora a él sera a quien boten. Lo escuche, escuche a las enfermeras hablar cuando él estaba dormido. Empuje a la mujer del Alfa, y él por defenderme casi la ataca. Ambos pudimos morir. «¿Y si lo destierran? » Siento unas punzadas en mi pecho, como si alguien me estuviera apuñalando. Le van a quitar todo por mi culpa, su estatus, su casa, su lugar en la manada. Todo es mi culpa, no debí salir. Él me dijo que no lo hiciera, que no huyera. Tapo mi boca al darme cuenta de que estoy sollozando. Escucho sus pazos. Cierro los ojos e intento calmar mi respiración, tal vez pueda convencerlo de que aun sigo durmiendo. Ahora él está detrás de mí. Escucho como respira, esta agitado. Seguro está enojado, no, debe estar furioso. No quiero que me golpee, no me gusta la medicina que me dan para que me pueda regenerar más rápido. Me hace sentir rara. Escucho unos pocos pasos, pero esta vez el sonido es diferente, aunque su olor se disminuye. Cuento hasta 540. Abro los ojos. Trato de que mi respiración no se altere mientras me volteo lento hasta que me encuentro de frente con un ojo verde y otro del mismo color, pero más pálido. Mi espalda choca contra el respaldar del sofa. — ¿Qué entendiste de lo que dije? Agacho la cabeza. Mis manos están en mi pecho, aunque estén hechas puños no significa que intente defenderme, solo que si me intenta golpear ahí siento que me duele menos así. —Que te hice enojar. —No, bueno... sí, pero no tienes toda la culpa. — él suspira— no quise gritar, lo siento. —Yo debo sentirlo, perdón. —¿Por qué? Lo miro, no puedo creer que en serio lo esté preguntando, pero se ve tranquilo. Sus pómulos tienen algo de rubor, sin embargo, tiene una pequeña sonrisa. ¿Acaso le provoco gracia? —Por arruinar tu vida— él de inmediato deja de sonreír. —Desde que llegaste solo mejoraste mi vida. La pones de cabeza, sí, te metes en líos y siempre sales herida, sí, pero en ningún momento he pensado que mi vida ha empeorado desde que llegaste— él estira su mano hacia mí y cierro los ojos— si yo no pienso eso entonces tú tienes prohibido pensarlo, ni Zah ni yo hemos tenido tanta felicidad en toda nuestra vida como la que nos das desde que llegaste— él mantiene su pulgar acariciando mi mentón— aunque si dejaras de escapar te lo agradecería mucho. No lo hare. Debo quedarme hasta poder arreglar el desastre que hice. Me debo asegurar de que él no pierda su estatus por mi culpa. Abro los ojos. Él está cerca y yo no puedo evitar ver su cicatriz, sé que no le gusta, pero es difícil no ver algo tan llamativo y provocativo. Un hombre que no tiene cicatrices es un hombre que nunca a luchado por algo, que nunca a estado en una guerra. Él lucha por algo bueno, lucha por proteger a las minorías, sirve a un Alfa que acepta a los más repudiados de nuestra sociedad, lucha por una manada que nos acepta. —Debes comer algo— desvía su mirada de mí. Lo incomode. Sus dedos se retiran, el frío que sentía antes vuelve. Veo como camina hasta que lo pierdo de vista. Me quedo acostada, no es como si quisiera estar de pie. Los minutos pasan. Escucho sus pasos, su respiración, también los suaves ruidos que provoca cuando agarra algún utensilio de la cocina, después el agua. Esta lavando lo que seguro ensucio. Yo paso mis dedos justo por donde él toco. «¿Qué hago para arreglar este desastre?» Dudo mucho que una súplica de rodillas la haga cambiar de opinion, ni siquiera si ruego. Es la mujer del Alfa y no solo la toque, también fue amenazada por Marcus y pudo ser herida. Estamos muertos. Quiero llevarme a Marcus de aquí, pueden matarlo. —Deja de preocuparte a no te gustara lo que hare— dejo de respirar al escuchar la voz de Zah. Ellos siguen en la cocina. Respiro solo por obligación, para que no se de cuenta que me afecto. No creo que pueda convencerlo. Si quisieran irse lo hubieran hecho, me hubieran dejado en el hospital o me hubieran llevado con ellos apenas el doctor les dijo que estaba bien. No creo que no tengan a donde ir y si es así no creo que les importe mucho, antes eran picaros igual que yo. Escucho sus pazos, antes de que pueda verlo él me agarra por la cintura. Me quedo quieta mientras me carga hasta el comedor y me deja en una silla. Hay un plato mediano en frente de mí. — ¿Te gusta la papa? — asiento — que bueno, debí preguntarte antes. Él es más rápido y agarra la cuchara antes de que pueda pensar en ello. Abro la boca y mete una cucharada sopera, por un momento creo que no podré tragar todo sin ahogarme, pero lo logro, él no me da mucho tiempo para tragar y tratar de masticar todo, aunque sea pure. Ignoro el dolor que siento en las muelas, creo que una se rompió o dos, pero si no me las quitaron es porque tal vez se estén regenerando. — ¿Viste? Esto es lo que debias hacer en el hospital. Él recoge todo, cuando se da la vuelta yo toco mi mandibula. Creo que no podre hablar por un rato. Al menos la comida me ayudara a dejar de distraerme con el dolor para pensar en cómo salir de aquí y llevarme a un hombre de dos metros, de un rango mayor al mío en contra de su voluntad antes de que nos decapiten por atentar contra los Líderes de esta manada. | Marcus | Termino de lavar el tazón y lo coloco en el meson. Miro el lavaplatos. «¿Qué hago ahora?» Estoy actuando como si ella no me hubiera escuchado gritar que esto es su culpa, aunque lo sea no debí decirlo. Es extraño sentir su preocupación, nunca había sentido ninguna emoción de ella y que la primera que sienta sea culpa no es agradable. Solo me di cuenta de que eso provenía de ella porque no siento ninguna culpa por haberla defendido, aun cuando pude lastimar a la Líder y a mi sobrino. Paso mis dedos por mi nuca. «¿Está mal no sentir culpa por eso?» Siento como Zah se remueve incomodo en mi mente, esta acostado, pero cambia de posición constantemente. Escucho como ella mueve la silla y de inmediato corro hasta estar en frente de ella. Coloco mi mano en su espalda y mi brazo debajo de sus rodillas. La alzo y comino con ella, debo subir las escaleras lento, no quiero que se le mueva la cabeza como cuando estaba corriendo en el bosque con ella. Apenas llego al segundo piso paro en seco al darme cuenta de que estaba a punto de llevarla al dormitorio, por suerte cerré la puerta y no puede ver el desastre que hice. —Vamos a darte un baño— de reojo veo como voltea su cabeza hacia mí, pero no la miro. Entro al baño que está en el pasillo. Aprovecho que ella se sostiene de mi torso cuando separo mi mano de su espalda y rápido muevo la manilla para que el agua salga. Cuando ya tiene unos diez centímetros de agua la tina voy metiéndola. Ella no hace ni un solo ruido cuando la dejo ahí. Salgo del baño para entrar en el dormitorio y voy al baño. Encuentro jabón, pero es el mismo que yo uso para el cabello y en general todo. Se estuvo bañando todo el tiempo con jabón de un euro, que mal compañero soy. Reviso el closet y logro encontrar la canasta envuelta que me dio la Líder como broma por mi cumpleaños en la primavera. Destrozo el envoltorio y saco el champú, crema de peinar, jabón líquido y unas bolitas con aroma que se disuelven en la tina, huele a rosas. Con las cosas en la mano llego al baño en donde ella esta, cierro la puerta detrás de mí de una patada y ella se sobresalta. De inmediato ella se hunde más al punto donde solo puedo ver su cabeza, ojos y nariz. Coloco las cosas en el suelo y me hecho el champú en una mano. La miro y ella deja de mirarme. Empiezo a lavar su cabello, ella no hace el intento de levantar más la cabeza así que agarro los mechones que flotan y los lavo, apenas termino ella se sumerge y vuelve a salir. Agarro el jabón liquido y ella me muestra sus palmas, coloco una buena cantidad y miro al suelo. De reojo puedo captar sus movimientos. Trago grueso cuando ella se arrodillas en la tina dejando una buena parte de su cuerpo fuera del agua. Cierro los ojos y me concentro en respirar. No soporto y salgo de baño. Entro al dormitorio. Abro el closet y agarro una toalla para volver al baño, desvío la mirada hasta llegar a ella, la envuelvo y la cargo. Su piel se siente fría. Ella tiembla un poco. —Ahora si nos pasamos de idiotas. — ¿Por qué? — frunzo el ceño mientras la saco del baño. —La bañamos con agua fría en vez de tibia— gruñe y paro de caminar. — ¿Por qué no se quejó? —¿Tú vives con la misma compañera? — rueda los ojos— ¿Acaso la escuchaste quejarse alguna vez? No respondo solo para que no se burle de mí. Parece más mi enemigo que otra parte de mí. La dejo en el mueble y ella se agarra el cabello, como puede ella intenta colocar todo dentro de la toalla. Me regreso al dormitorio y traigo otra toalla. —Zah recuerda que tenemos que comprar toallas diminutas, cortas y unas pequeñas. —Anotado. Mis toallas le dan casi cuatro vueltas a ella y eso que no es desnutrida como la Líder. Le tiro la toalla en la cabeza e intento colocarla como lo he visto en las películas, hasta que la escucho suspirar. —¿Quieres intentarlo? — ella asiente. En solo tres segundos lo hace. —Nos dijo inservibles en todos los idiomas.
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