Ella se hace pequeña, casi en posición fetal. A ninguno de los dos nos gusta hablarle en este tono duro y cortante, pero no puedo dejarlo pasar como las otras veces, ella tiene que entender la gravedad de lo que hizo.
—Voy a vestirte.
—Yo... pue...do— murmura sin mirarme.
—No, no puedes. Ni siquiera logras formar una oración.
—No seas tan duro con ella— me gruñe Zah.
—Si le seguimos perdonando todo, va a seguir escapando, cada vez que lo hace queda herida.
Está vez pudo morir.
—Si sigues siendo rudo te voy a quitar el control, ni siquiera tú tienes el derecho de hablarse así a mi Zanahoria.
Me enseña sus colmillos, está demás decir que me gruñe.
Yo agarro el bolso que pedí a medianoche, un omega de mi confianza trajo algo de ropa de la que compramos. Ella solo tiene una bata que no le cubre nada y esta abierta en la parte de atrás.
—Voy a quitar tu intravenosa.
Ella me mira insegura, con cuidado lo hago. Es algo básico que aprendí hace tiempo para poder salir del hospital.
Quito su bata, pero solo miro su rostro. Me tenso al ver sus ojos llorosos. Con cuidado paso el vestido por su cabeza, ella me ayuda con los brazos y tiro de el para que el borde del vestido llegue un poco más cerca de sus rodillas, pero aun así queda a la mitad del muslo.
—Es piyama.
— ¿Qué?
—No... vestido, piyama.
Miro el vestido, creo que eso es, aunque es bastante simple ahora que lo pienso. En el bolso había un par de pantalones y camisas, pero esto me parecía lo más sencillo de colocar.
— ¿Quieres que te coloque algo más?
—No.
Yo me separo de su lado. Salgo de la habitación y respiro profundo. Sé que me estoy pasando de la raya, pero quiero que vea que estoy molesto, quiero que entienda que pudo morir, aunque a este punto estoy dudando que le importe su vida.
Veo pasar a una enferma y le hago una seña para que la revise, así lo hace y a los pocos minutos sale.
—Ella está estable, Beta. Su compañera se recupera muy rápido. Es una hembra fuerte y joven.
Ella coloca su mano en mi hombro dando suaves palmadas. Es una hembra ya con canas, he intercambiado un par de palabras con su compañero.
—No debería estar enojado con una hembra tan hermosa.
—Hizo algo malo— respondo por el enlace.
—Todos cometemos errores y es normal huir de algo desconocido.
—No sabe de lo que habla.
—Yo estuve en este mismo lugar, en un hospital, cachorro insolente— me gruñe— hice lo mismo que ella, escape de mi compañero y por mala suerte me encontré con un lobo sin manada mientras huía...
—¡Elisa! — llama otra enfermera.
—Una cachorrita tan linda no debe estar sola.
Sin más, se va. Las hembras de su edad siempre se atreven a reprender a los más jóvenes, sin importar el cargo que estos tengan.
—Hasta el que está arriba te manda un ángel para que recapacites.
—¿Él que está arriba? — él no responde— ¿Solo porque ella cree eso ahora tú también? ¡Zah!
Él sigue sin responder y gruño. Me quedo mirando el techo un rato.
Veo como otra enfermera entra con un plato bastante simple de comida para ella. Suspiro y espero a que salga, pero me tenso al ver que el plato está casi intacto. Entro a la habitación y ella sigue sentada en la cama.
—La comida del hospital siempre apesta, pero tiene todos los nutrientes que necesitas.
—Perdon— su voz sale rota y mi puma chilla— yo... pensé que podía...— ella hace una mueca de dolor.
—Ya te lo dije, no hables. Descansa.
— estar mintiendo, él lo hizo y yo le creí.
Ella nunca habla de nadie, está vez sé que hubo alguien que la lastimo en específico.
— ¿Me estás diciendo que ese macho te engaño diciendo que era tu compañero? — ella asiente.
—A pesar de no tener olor le creí... — ella limpia sus lágrimas antes de que caigan— supongo que solo quería alguien que me protegiera.
—Gracias por compartir eso conmigo. Sé que no debe ser fácil, pero hay señales. Cuando alguien es tu compañero huele muy bien, tu parte animal te lo dice, todos tus sentidos te atraen a él o ella —ella no me mira, mira sus manos en su regazo— ahora entiendo mejor, pero no te voy a dar la misma libertad, pudiste morir hoy y sé que, en parte es mi culpa por no presentarte ante la manada, pero si te presento ante ella tengo miedo de que me rechaces y ellos me obliguen a dejarte ir.
Ella me mira, parece sorprendida y eso no me gusta.
— ¿Podemos decidir?
—Si, cualquier ser tiene derecho a estar con quién quiere en esta manada, sin importar el rango, pero yo soy egoísta, yo no puedo dejarte... al menos no sabiendo que te pueden matar con tanta felicidad allá afuera.
Es un milagro que este viva. Ella no sabe pelear, ni siquiera huir. No tiene la fuerza, velocidad ni siquiera la capacidad de curarse como la mayoría de los Cambia Forma.
—Ya yo encontré la manera de vivir... no me va mal ahora.
—Solo es cuestión de tiempo para que te encuentres con alguien que, si quiera matarte. La vida de pícaro no está hecha para las hembras y no quiero discriminar a nadie, pero tú debes saber por qué lo digo.
Ella deja de mirarme y las lágrimas comienzan a caer por sus mejillas, tengo que salir de la habitación. Me parte el alma verla llorar, quiero consolarla, es mi compañera, pero yo también estoy enojado, aunque ahora comprendo más su insistencia por huir. Ahora sé que no es mi culpa, que si estaba haciendo las cosas bien. Ella necesita sanar y eso lleva tiempo, tiempo que no tengo.
Pasan las horas y Bruno llega. Me levanto del suelo y entro detrás de él. Ella esta dormida. El gruñido de Zah resuena en mi cabeza. Bruno le hace algunas preguntas, le pide que haga algunos movimientos, después con ayuda de una enfermara hacen que se levante de la cama y de unos pocos pasos solo para pedirle que se acueste de nuevo. Cuando Bruno sale voy detrás de él.
—Ella está bien. Necesita reposar por al menos 48 horas. No debe comer nada duro dentro de ese periodo de tiempo. Hazle pure, gelatina y cualquier jugo. Si vez que empieza a olvidar cosas debes decírmelo, cualquier comportamiento anormal debes informarlo, aunque las maquinas no muestren ningún daño en su cerebro hay casos donde se manifiesta después.
—Gracias. ¿Ya sabes qué tipo de Cambia Forma es?
Eso me ayudaría a convivir con ella, en la mayoría de los casos desarrollamos muchos comportamientos y habilidades similares.
—No, necesito hacer mas pruebas, hay muchos tipos, pero si de algo estoy seguro es que no tiene que ver con felinos. — él espera mi reacción, pero me mantengo neutral— si necesitas que alargue su estadía aquí puedo hacerlo.
—No es necesario, no quiero meterte en problemas.
Sin más se va. Yo recuesto mi espalda a la pared, eso lo complica, nunca he tenido interacción con Cambia Formas que no sean felinos. Parpadeo y gruño al no poder ver bien por unos pocos segundos, pero al poco tiempo pasa y entro a la habitación de ella.
—Nos vamos.
— ¿Nos echaron? — la miro y de inmediato aparto la mirada, parece que quiere llorar.
—No, solo vamos a casa por ahora.
Con cuidado quito la sabana, ella no se queja, creo que la asuste y por eso no pone resistencia cuando coloco mi mano en su espalda y la otra debajo de sus rodillas.
Salgo del hospital con ella en brazos. Se siente bien poder caminar sin tener que esconderla. La miro de reojo, tiene su rostro pegado a mi pecho y sus manos sobre su pecho, casi como si estuviera rezando, pero solo esta a nada de dormirse. Apenas llego a la casa la dejo en el mueble.
Camino sin mirar atrás, entro a la habitación y cierro la puerta con fuerza. Incluso la intensidad de su olor bajo.
—Cálmate, ella estará bien.
—¿Bien? No te entiendo Zah, tú eras el que quería arrancarle el brazo a la Líder por tocarla y ahora me dices que me calme.
—Me deje cegar por la ira, pero ya todo esta bien.
—Tu significado de la palabra bien esta dañado.
No aguanto y agarro la mesita de noche y la tiro contra la pared, esta se rompe.
—¡POR QUE TENIA QUE SALIR!
Gruño, no sé qué más tengo que hacer para demostrarle que estará segura aquí, que no voy a lastimarla. Ni siquiera quería gritar, pero necesito hacer algo para desahogarme. Quiero despedazar algo, quiero luchar, pero no puedo dejarla aquí.
Ya no se si podre quedarme aquí, estaba a punto de atacar a la Líder del clan, no sé qué esté pensando Kurt ahora, me puede querer como a un hermano, pero estar a punto de lastimar a su compañera. Es un límite que nadie pasa y si lo hace normalmente no vive para contarlo. Estoy hundido, estamos hundidos.
Agarro la otra mesa, ni siquiera logro tirarlo, la mesa se destroza apenas la aprieto, pero el cajon de esta se cae y veo una hoja, una hoja que nunca estuvo en mi cajon, una hoja que esta impregnada con el olor de mi compañera. La agarro, pero no puedo leerla. Esta en otro idioma. Juraba que ella no sabía leer, es una picara igual que yo antes.
Un sollozo hace que me paralice.
—Ahora sí que metiste la pata.
Me guardo la hoja en el pantalón con cuidado de no romperla. Miro hacia la puerta y quiero retroceder el tiempo, la puerta no estaba totalmente cerrada, hay una pequeña abertura de unos pocos milímetros, si la puerta no está cerrada en su totalidad el hechizo es inservible.