16.

1267 Words
— El doctor ya viene. Esta vez es la voz de Zah, sus ojos vuelven a ser verdes o al menos lo suficiente para que no parezcan negros. Me preocupa que aun sigo viendo borroso, pero sigo intentando mirarlo. — Lo…mmm… si… Mi mandíbula no se mueve, no soporto, no logro mantener la calma y las lágrimas comienzan a caer, la poca vision que tenía desaparece ya que no dejo de llorar, apenas distingo manchas de colores. —Shhh— él acaricia mi rostro— no te muevas, ya viene el doctor. «¿Por qué son tan buenos conmigo?» No lo merezco. Intenté huir, me peleé con otra mujer o mejor dicho la asuste e hice que me golpeara. No es un secreto que los pícaros no son bienvenidos en las manadas. Seguro tendrá problemas por mi culpa. — ¡No! — gruñe —No tienes permitido dormirte, debes esperar al doctor… Escucho un ruido a lo lejos, él deja de tocar mi cara, siento un olor extraño, de un hombre. Alguien agarra mi cabeza y me coloca algo en el cuello que me impide mover mi cabeza. Escucho que les preguntan cosas a ellos. Yo solo intento hacer lo único que Zah me ha pedido, intento no dormir a pesar de que tengo los ojos cerrados. Alguien me estira los párpados, una luz me ciega y hago una mueca. No dura mucho, apenas hacen lo mismo con el otro ojo dejan de tocarme. Muevo mis dedos, quiero que ellos sepan que no me he dormido, pero parece que no se dan cuenta. Siento como ese hombre agarra mi cabeza y chillo apenas roza donde tengo el golpe. Ahora que me concentro sé que estoy sangrando. —Soy Karl, el doctor de la manada. Si puede, necesito que me diga su nombre. —Ra… ah — gruño, duele. No puedo abrir la boca bien, incluso mover mi lengua es un esfuerzo enorme. —Está bien, buen intento. Voy a tocar su mandíbula y necesito que mueva su dedo índice si duele y su pulgar en caso de que no duela. Siento sus dedos en mi mandíbula, apenas la sostiene. Muevo mi pulgar, rápido, de arriba hacia abajo. Cuando abro los ojos otro mareo me azota y vuelvo a cerrarlos. Los dedos del hombre no me tocan de forma brusca, pero no quiero que siga, me encantaría pedirle que se detenga. Muevo mi dedo índice de arriba abajo apenas el intenta abrir mi boca. —Entiendo. Buen trabajo. Sollozo, no lo quiero cerca. Solo quiero que Marcus y Zah me toquen. Quiero hablar con ellos, quiero pedirles perdón, pero solo siento un pinchazo en mi cabeza y el ardor se va junto con el dolor en pocos segundos. —Vamos a llevarla al hospital. Todo estará bien, señorita. Siento que me levantan de la mesa para colocarme en otra o al menos así se siente porque está igual de dura y recta que la mesa. Me mueven y por el olor de los árboles sé que ya no estoy en la cabaña. | Marcus | —Si me das espacio puedo terminar rápido. —No necesito que termine rápido, necesito que haga las cosas bien. —Y aparte de hacer de hacer bien mi trabajo es hacerlo rápido, así que con todo respeto Beta. ¡Quietese! Gruno, pero retrocedo, aun así, me mantengo aferrado a su pequeña mano. Ella se mantuvo consciente hasta que llegamos. Ahora Karl le está vendando la cabeza. —No entiendo la importancia que tiene el cabello si ahora nos arriesgamos a que le quede una cicatriz. Evite que él le afeitara la cabeza, aunque no iba a ser más de un par de cuadrados de cinco a ocho centímetros. Estarían en partes muy visibles de su cabeza. Se que a ella le encanta su cabello, nadie mantiene ese largo si no te gusta. Espero haber hecho lo correcto, tardó más en suturar sus heridas, pero nadie verá sus cicatrices. — ¿Pobra hablar? —Las cuerdas vocales no fueron afectadas, aunque se partió la lengua pudimos unirla de nuevo y por suerte la mandíbula solo tiene fisuras. Con los medicamentos que le dimos en tres días se curaran. Creo que ya lo dije antes, pero lo reitero, ella sana más rápido que un humano, pero no al punto de la hembra Cambia Forma común— él coloca su mano sobre mi hombro —por favor, no dejes que se siga lastimando tanto, aunque podamos estimular y acelerar su proceso de regeneración, no es lo adecuado. —Entiendo, gracias. Él solo asiente y se retira. Yo agarro la silla y la coloco al lado de la camilla donde ella está acostada. Esto es un verdadero desastre, tuve suerte de que mi sobrino no fuera tan específico con su orden y solo me mandara a ir a nuestra casa, si me hubiera ordenado a estar ahí por tiempo indefinido ella tendría que haberse quedado en el hospital sola hasta que yo pudiera hablar con Kurt. Me rasco la nuca. Ahora si voy a hablar con Kurt, pero esta vez mi cuello está en riego. Se que ella sería incapaz de dañar a alguien más para escapar. Estoy seguro de que nadie la envió para atacar a la familia del Alfa, pero no importa lo que yo crea, lo que importa es lo enojada y asustada que pueda estar la Líder ya que eso desencadenara el castigo que quiera implementar por esto. La seguridad de su cachorro estaba en juego, en un supuesto peligro por una hembra ajena a la manada a la cual nunca les avise de su ingreso. Si antes tenía problemas ahora estoy hasta el cuello. —Marcus. ¿Te encuentras en condiciones para hablar? — tenso la mandibula. —No, Alfa. Ahora no me encuentro bien. —Hablamos mañana, ella no puede ir a otro lado que no sea el hospital o tu cabaña. —Si, Alfa. —Descansa, no tienes otra obligación más que velar por el bienestar de tu compañera. No estoy totalmente seguro, pero eso sonó como una suspensión. —Si, Alfa. Él corta nuestro enlace. Pego mi espalda a la silla y solo espero. Dejo que Zah tome el control parcial, ya ninguno está al borde de desconocer a ser querido y matarlo por tocar a nuestra compañera. Si nuestro sobrino no hubiera estado ahí… podría haberse convertido en una masacre. Las horas pasan, la noche cae y el doctor me da un resumen de su estado. Ella podrá regresar a nuestra casa en la mañana. Al parecer no hay daños graves ni permanentes en su cabeza, su mandibula esta sanando y su lengua ya está pegada o al menos piensan que lo suficiente para que pueda hablar. Me acuesto a su lado y Zah ronronea para ella. La noche igual que la anterior se nos hace eterna, pero todo vale la pena cuando ella abre los ojos. Ese azul eléctrico hace aparición, estuve indagando y ese es el color que más se parece al de sus ojos, pero aun así no capta lo maravilloso que tiene sus ojos. —Perdon... yo. —Shhh— beso su frente y ella se queda inmóvil. —solo quiero que te recuperes, no quiero tus disculpas, no quiero otra cosa que no te ayude a recuperarte y pequeña compañera, si vuelves a lastimarte, si vuelves a ponerte en riesgo te juro que te encerrare el resto de tu vida— coloco mi mano en su rostro— fui paciente, te di tu espacio, pero ya no esperes la misma libertad.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD