Acaricio la tela del cojín mientras intento no volver a llorar. Esto debe ser una pesadilla, esto no puede ser real.
«¿Tanto mal le hice a otros seres?»
Sé que he mentido, engañado y hecho mil cosas más, pero trato de no perjudicar a nadie cuando lo hago. Nunca he matado, ni siquiera cuando tuve muchas buenas excusas para hacerlo, y aun así, esto vuelve a pasar. No quiero, me niego a volver a pasar por esto de nuevo.
Todo por fin me estaba saliendo bien. En un año podría haber reunido lo suficiente para alquilar algo y vivir totalmente como un humano normal. Pude haber tenido una vida tranquila... no, no pude. Yo puedo, y lograré volver a salir de esto.
Limpio una lágrima traicionera. Si lo hice una vez, puedo hacerlo de nuevo. Ya no soy la niña tonta y asustadiza; aprendí mucho. Sé que puedo salir de esto. Solo no debo volver a caer en el error de cumplir trabajos en las manadas. Me limitaré a los clanes, eso es lo que haré.
Observo la casa. Es enorme, aunque parece más una cabaña moderna. Debí prestar atención cuando él me traía; no debí sucumbir al pánico y quedarme en blanco. Debo mantener la calma o volveré a hacerlo. Respiro profundo varias veces, trato de repetirme que esto no es la misma situación, que es mucho mejor y más fácil salir de aquí. Él no parece tan agresivo.
Es un beta. No seré tonta, no haré lo mismo que antes. Debo ser paciente. Si solo salgo corriendo sin rumbo, me atrapará, y después tendré que pagar las consecuencias. De nada me servirá salir golpeada de todo esto. Ya he sido sumisa, aguanté varios años. Solo debo repetirlo, solo debo ganar su confianza, ver cómo salir de aquí y, cuando lo haga, no dejar huellas.
Mis manos tiemblan, pero aun así quito el cojín que me cubría. No está en la sala conmigo. Es el hombre más silencioso que he conocido. No será tan fácil como pensé, pero sé que lo voy a lograr. Toco mi espalda y suspiro aliviada al saber que aún tengo mi bolso. Con mi tonto intento de huida, se me había olvidado incluso que lo traía, y como no pesa nada, a veces no siento que lo llevo en la espalda.
Lentamente lo quito de mi espalda para revisarlo, pero apenas saco la cámara, las ganas de llorar me invaden. El lente está roto. El único lente que tengo. Mis manos tiemblan y la vista se me nubla.
«¿Ahora cómo haré dinero?»
Esto era mi único sustento. Cuando veo la silueta borrosa de él, guardo la cámara de inmediato, respiro profundo y trato de que las lágrimas se vayan.
«Llorar no te servirá de nada. Llorar no te servirá de nada. Llorar no te servirá de nada.»
Repito una y otra vez en mi mente hasta creerlo. Mis problemas no se solucionarán. Pensar en el problema no hará que desaparezca. Ahora mi meta es conseguir la libertad que tanto me costó tener y que perdí en un segundo por otro hombre, otra vez.
Mientras él se acerca, yo lucho por no esconderme detrás del cojín. Trato de mantenerle la mirada, pero me es imposible. Termino agachando la cabeza como se me enseñó. Él se sienta a mi lado y tira el cojín al suelo. Creo que no le gustó que me cubriera con él.
—Quiero darte lo mejor que tengo. Eres mi compañera, ¿lo sabes? —Lo miro, y él parece que no ha dejado de mirarme en ningún momento.
No puedo evitar que mis ojos se enfoquen en la gran cicatriz, pero no lo hago por mucho tiempo. Agacho la cabeza y suspiro.
—Lo sé —miento. Por ahora es mejor darle lo que me pide.
—¿Puedo saber cómo es tu vida como pícara? —Me sorprende no escucharlo decir "rogue".
“Pícara” es la forma amable de llamarnos. Somos quienes nunca fueron desterrados de una manada y nunca atacan a otros. En sí, se puede decir que somos los buenos entre nuestro rango.
—No. —Cierro los ojos.
Espero el grito, el golpe o cualquier otra cosa. Sé que dije que lo iba a complacer, pero nunca le he contado a alguien y este nuevo hombre opresor no será el primero.
—Bueno... —Él suspira.
Abro un ojo y me relajo al ver que sigue en el mismo lugar. Me enderezo y él no se mueve. Se toca la nuca y, cuando sus ojos se dirigen hacia mí, agacho la cabeza.
—Mi vida como pícaro no fue tan mala. Tuve una madre por un tiempo —lo miro de inmediato.
«¿Él fue un pícaro?»
—No me mires así. ¿Tan blando me veo ahora? —Mis ojos se mueven de arriba a abajo. Aunque tiene una cicatriz en la cara, no se parece en nada a todos los hombres que he conocido en el bosque—. Supongo que sí. No siempre fui la mano derecha del alfa. Incluso cuando llegué aquí había otro que estaba tratando de convencerlo para tener este puesto, y casi lo consigue si no hubiera dejado mi inseguridad atrás. —Él se acerca un poco más y yo me hago pequeña—. Lo que te quiero dar a entender con esto es que no soy un simple macho de manada. Sé lo que se siente tener hambre y no saber si lograrás estar vivo para el invierno siguiente. No temas confiar en mí, en decir lo que has vivido, porque no pienso juzgarte... —Él sonríe; sus ojos no se apartan de mi rostro—. Solo quiero decirte que agradezco todo lo que te ha traído hasta aquí viva y sana. Te agradezco por no rendirte a pesar de lo duro que tuvo que ser, y solo te suplico que mantengas la mente abierta a este nuevo cambio.
Yo entrelazo mis manos. Este hombre es muy listo, actúa demasiado bien y, por alguna tonta razón, mi corazón late más rápido. Sería muy lindo que esas palabras fueran ciertas y no un intento de manipulación.
—Mi nombre es Marcus Braun. Soy el beta de esta manada, mano derecha del alfa Kurt y su amigo más cercano. Con esto quiero decir que nada te faltará, serás tratada con respeto y el primero que te trate así seré yo.
Ladeo la cabeza. Me parece imposible que un pícaro pueda tener un apellido. Ese es un gran desliz si quiere hacerme creer que es igual a mí.
—Quiero que seas honesta conmigo. Deseo una oportunidad para cortejarte. ¿Me la darás? —Él deja salir por completo su olor—. Si me mientes, me estarás causando mucho daño, no solo a mí, sino también a Zah.