—Me siento algo mareada, y requiero ir al tocador, urgente. —Apretó los labios, las mejillas se le sonrojaron. —Vamos te acompaño hasta la puerta —dijo Joaquín, fue entonces que su azulada mirada se clavó en el bello rostro de Gianna, le pareció ver a un ángel, era tan joven, tan bella, enseguida la llevó del brazo hasta el tocador. Gianna entró se mojó el rostro pensando que esa extraña sensación en su cuerpo iba a pasar, pero no fue así, se sentía como si estuviera ebria, todo su ser pesaba. Joaquin se hallaba recargado en la pared esperando a la chica, veía a las personas pasar, pero no lograba distinguirlos. Gia salió del tocador, pero había sido un gran error mojarse el rostro, ahora cuando miró a Joaquín, creyó que era Tommy. —Ya cariño, vamos a casa, estoy con sueño. Joa

