—Gianna te dará la libertad, sin que le entregues un centavo, a cambio firmarás un acuerdo de confidencialidad, en el cual no puedes divulgar las secretas recetas de los restaurantes de ella, ni preparar los mismos platillos que son creaciones de Gía, por lo demás no tiene problema. Nico soltó el aire que contenía, suspiró profundo, agarró los documentos y leyó con atención, entonces firmó lo establecido. —¿Y estas letras chiquitas, forman parte del contrato? —preguntó Nico. Mariluz esbozó una amplia sonrisa. —Eso es una cláusula que me hizo colocar mi primo, y dice que no te volverás a acercar a Gianna, o sacará una orden de restricción en tu contra. ¿Está todo claro? —Está bien, voy a firmar. —Pero antes que quede constancia que nadie te está obligando, así que declara ante mi g

