—¡NO! —gritó Gianna—, no pienso someter a tus hijos a eso, y yo… no me voy a hacer ilusiones —balbuceó, las manos le temblaban, el corazón le latía con desesperación. —¿No comprendes? —Soltó su llanto desenfrenado. Joaquin percibió su corazón apretujado, se acercó a ella, la abrazó muy fuerte. —Perdóname, no quise causarte este dolor, lo lamento tanto, pensé que quizás… Gianna se refugió en el pecho de él, lloró con desesperación. —Deja las cosas así, hay mucha gente que se parece y no son familia, por favor —suplicó gimoteando—, ya pasé por esto una vez, tuve esperanzas, y no fue así, cuando mi papá investigó… pensé que… —Tranquila, por favor no llores —Le acarició la espalda—, no haré nada, cálmate. Y mientras Joaquin intentaba calmar a Gianna, y desistía de la prueba de ADN,

