El propio Joaquin la ayudó a cerrar de nuevo el vestido, tomados de la mano y caminando con premura atravesaron los viñedos, volvieron a la fiesta, y subieron a la alcoba de los niños, para suerte de él Lionel tenía la costumbre de dormir boca abajo, entonces el padre del niño encendió una lamparita. —¿Qué haces? —preguntó en voz baja Gianna. —¿Por qué estamos aquí? —Debes ver algo —susurró Joaquin. Gianna frunció el ceño una vez más, soltó un resoplido de molestia, enseguida Joaquin, elevó la camiseta del pijama de Lionel—. Mira. Gia separó los labios, los ojos se le llenaron de lágrimas, miró ese lunar, era idéntico al de ella, no pudo con la impresión, se desmayó en los brazos de Joaquin. —¡Gianna! —exclamó él. Como pudo la sacó de la alcoba, en el pasillo se encontró con Gian

