Ya en la noche cuando el rojo atardecer envolvía la hacienda, y luego de que la familia, los invitados disfrutaran de una exquisita comida, la fiesta se dio inicio, la orquesta entonaba varias cumbias, y todos bailaban contentos. —Ven te enseño a bailar —propuso Joaquín a Gianna, la tomó por la cintura, la pegó a su cuerpo y empezó a moverse al ritmo contagiante de aquel son, mientras la guiaba a ella. —¡Auh! —Se quejó cuando ella le dio un par de pisotones. —Lo lamento, nunca he bailado algo así —se disculpó Gianna. —No te preocupes. —Joaquín la besó delante de todos. —¡A los cafetales! —gritó Thiago. Y los demás carcajearon. Gianna se puso roja, observó a su padre mirarla con profunda seriedad, y rodó los ojos. —Ya no tengo dieciocho años, ni soy adolescente —expresó. Marypa

