**TESS**
Mis mejillas ya no estaban solo encendidas por el calor del mediodía; sentía que ardían bajo su mirada. La humedad de Florida, que siempre había sentido como una carga física sobre mis hombros, parecía haberse intensificado, pegándome la blusa marina al cuerpo con una crueldad renovada. Estar tan cerca de Stellan era como pararse demasiado cerca de un fuego: sentía el calor de su presencia, el aroma a cítricos y brisa marina que emanaba de él, un contraste refrescante y doloroso con el hedor de mi propia autoconciencia.
—¿M-mi proyecto? —pude articular, con la voz apenas más alta que un susurro. Me imaginé mi respiración, agitada y pesada por el esfuerzo de caminar, llegando a su nariz. Cerré los ojos un segundo, deseando desaparecer.
Stellan sonrió, una sonrisa que parecía genuina, sin rastro de la burla que estaba tan acostumbrada a ver en los ojos de los chicos.
—Sí. Estoy armando un portafolio sobre ‘Contrastes urbanos' y tus tomas en el tablero… las de la luz filtrándose entre los edificios de concreto… son increíbles. Tienes un don para encontrar la belleza en los lugares que todos los demás ignoran.
Sus palabras eran un bálsamo, pero también una tortura. ¿Belleza? Yo no conocía esa palabra aplicada a mí misma. La belleza era Vesper, con su piel bronceada e impecable, su conjunto de lino blanco que parecía flotar a su alrededor, sin una sola mancha de sudor. La belleza era Stellan, con su estructura atlética y su aire de confianza. Yo era… yo era la imperfección, la mancha en la toma perfecta, la masa informe que ocupaba demasiado espacio en un mundo diseñado para la gente como ellos.
Vesper intervino, poniéndome una mano en el brazo. Sentí su tacto, tan ligero y frío, y mi mente inmediatamente se centró en cómo mi brazo debía sentirse para ella: flácido, caliente, demasiado grande.
—Vamos, Tess. Dile que sí. Sabes que te mueres por usar esa cámara nueva que compraste. Y Stellan es un gran compañero… —le guiñó un ojo a él, un gesto cargado de una intimidad que me hizo sentir aún más ajena.
Tragué saliva, sintiendo un nudo en la garganta. ¿Y si era una trampa? ¿Y si Stellan solo quería burlarse de mí en privado, lejos de la mirada protectora de Vesper? Pero él seguía mirándome con esa intensidad suave, y la idea de pasar tiempo a su lado, de que él valorara algo de mí, aunque solo fuera mi “ojo”, era una tentación demasiado grande.
—Está bien —dije, finalmente, con una pequeña sonrisa temblorosa—. Me encantaría ayudarte, Stellan.
Él pareció genuinamente complacido.
—Perfecto. Aquí tienes mi número —sacó su teléfono y lo extendió hacia mí. Dudé un momento antes de tomarlo, mis dedos, cortos y regordetes, rozando los suyos, largos y ágiles. Sentí una chispa de electricidad que me recorrió el brazo, pero la alegría fue eclipsada inmediatamente por la vergüenza de que él sintiera la textura de mi piel, la sudoración que no podía controlar.
“¿Cómo puede soportar tocarme?”, pensé, sintiendo que mis entrañas se retorcían.
Escribí mi número con torpeza, consciente de que estaba tardando demasiado, de que tal vez mis dedos dejaban marcas de grasa en su pantalla impecable. Cuando le devolví el teléfono, me aseguré de no volver a tocar su mano.
—Te enviaré un mensaje para coordinar nuestra primera ‘sesión’ —dijo Stellan, guiñándome un ojo antes de girarse y alejarse con esa misma gracia natural.
Vesper y yo nos quedamos solas en el pasillo, el silencio solo roto por el sonido distante de las risas de Chad y sus amigos, que ahora se sentían a kilómetros de distancia.
—¡Tess! —exclamó Vesper, dándome un pequeño empujón en el hombro, un gesto que me hizo tambalear un poco—. ¡Stellan Thorne! ¿Te das cuenta de lo que acaba de pasar? El chico más guapo de la facultad acaba de invitarte a trabajar con él.
Intenté compartir su entusiasmo, pero una duda persistente me carcomía.
—Vesper… ¿Tú crees que realmente… le gusto? ¿O solo es por la fotografía? —pregunté, mi voz temblando ligeramente por la esperanza y el miedo.
Vesper me miró con una expresión que parecía de genuina compasión, pero había algo en sus ojos, un brillo que no pude descifrar.
—Tess, eres una artista increíble. Stellan lo ve. Y tal vez… tal vez está empezando a ver algo más. Eres especial, de verdad. Y si alguien puede hacer que él vea más allá de las apariencias, eres tú.
Sus palabras se sintieron como un abrazo, pero también como un desafío. “Más allá de las apariencias”. La frase resonaba en mi mente como una sentencia. Porque para mí, las apariencias lo eran todo. Eran la prisión en la que vivía, la muralla que me separaba del mundo, la razón por la que Chad se burlaba de mí y por la que yo nunca me atrevía a mirar a Stellan a los ojos.
—Pero Vesper, mírame… —susurré, bajando la vista hacia mi propio cuerpo, hacia la blusa marina que ya estaba completamente empapada, hacia mis muslos que se frotaban dolorosamente bajo la falda—. ¿Cómo podría alguien como él fijarse en alguien como yo?