CAPITULO 3

887 Words
**TESS** Vesper suspiró, un sonido que sonó como si estuviera perdiendo la paciencia, aunque su tono seguía siendo suave. Es mi mejor amiga, confío en ella ciegamente; sé que ella no me hará ningún daño. —Tess, tienes que dejar de ser tan dura contigo misma. El peso es solo un número. Lo que importa es quién eres por dentro. Y tú eres maravillosa. Solo necesitas un poco más de confianza. Y tal vez… —me miró de arriba abajo, una mirada rápida pero crítica que me hizo sentir aún más desnuda—. Tal vez podríamos ir de compras este fin de semana. Encontrar algo que te haga sentir más segura, que resalte tus curvas en lugar de ocultarlas. La sugerencia me heló la sangre. Odiaba ir de compras. Odiaba las tiendas de ropa “para gente normal” donde las tallas terminaban mucho antes de llegar a la mía, y odiaba las tiendas “especiales” donde la ropa parecía diseñada para ocultar, no para resaltar. Ir de compras con Vesper, con su cuerpo perfecto, sería una tortura. Pero la idea de impresionar a Stellan, de que él me viera como ella me veía, era una tentación que no podía resistir. —Está bien —dije, finalmente—. Me gustaría eso, Vesper. Gracias. “Quizá tenga razón”, reflexioné, sintiendo cómo una chispa de esperanza comenzaba a encenderse en mi pecho. “Tal vez el peso sea simplemente un número. Tal vez Stellan vea en mí algo que yo aún no logro percibir. Mi vida está a punto de dar un giro inesperado”. Pero incluso mientras me aferraba a esa esperanza, una parte de mí, la parte que conocía la crueldad del mundo y la fragilidad de mi propio corazón, susurraba una advertencia. “No te ilusiones, Tess. El sol de Florida es un espejismo, y la belleza es efímera. Al final, siempre te quedarás con el peso de tu propio cuerpo y el dolor de tu propia autoconciencia”. Caminamos juntas hacia el edificio de artes, la presencia de Vesper como un escudo contra el resto del mundo. Pero incluso con ella a mi lado, me sentía expuesta, vulnerable. El sol seguía brillando, el calor seguía siendo sofocante, y yo seguía siendo la chica que ocupaba demasiado espacio. Y ahora, más que nunca, temía que el espacio que ocupaba en el mundo fuera demasiado grande para el corazón de Stellan Thorne. Entramos en el edificio de artes y el golpe del aire acondicionado fue como un bofetón de realidad helada. En lugar de alivio, sentí una punzada de pánico: mi blusa, empapada por el sudor del trayecto, se volvió fría y se pegó aún más a mi abdomen, marcando cada relieve que yo tanto me esforzaba por disimular. Me crucé de brazos instintivamente, tratando de taparme, de hacerme pequeña en un pasillo que de pronto me pareció demasiado estrecho. Caminamos hacia el salón de revelado y, al pasar frente a los grandes espejos del vestíbulo, el contraste me golpeó con la fuerza de un naufragio. Allí estaba Vesper, una visión de líneas rectas y elegancia sin esfuerzo; y a su lado, yo. Una mancha oscura y desproporcionada. Mis muslos, que habían estado rozándose dolorosamente durante toda la caminata bajo el sol, se sentían ardientes, y podía notar la irritación en la piel, un secreto humillante que solo yo cargaba. —¿Viste cómo te miró? —insistió Vesper, deteniéndose frente al espejo para retocarse un brillo de labios que ni siquiera necesitaba—. Estaba hipnotizado, Tess. Creo que nunca lo había visto así con nadie. Miré mi reflejo y luego el suyo. Mis manos buscaron el borde de mi mochila, apretándola contra mi vientre. —Solo quiere las fotos, Vesper. Nadie como él se “hipnotiza” con alguien que tiene que comprar su ropa por catálogo porque nada en los centros comerciales le entra —solté con una amargura que me supo a hiel. Vesper se giró, tomando mis manos con esa delicadeza de porcelana que me hacía sentir como un ogro torpe. —Tess, basta. Tienes que dejar de castigarte por ocupar espacio. Eres hermosa, solo que eres una belleza. Diferente. Más clásica. Como las pinturas del Renacimiento —me dedicó una sonrisa compasiva, pero sus ojos recorrieron mi figura con una rapidez que me hizo sentir como un espécimen bajo un microscopio—. Por eso lo de las compras es vital. Necesitas algo que te dé estructura, que te recoja en los lugares adecuados para que Stellan no se distraiga de lo importante. “Que me recoja”. Sabía lo que quería decir. Fajas, telas rígidas, armaduras de licra que apenas me dejarían respirar con tal de no incomodar la vista de los demás. Asentí, forzando una sonrisa, porque la alternativa era aceptar que estaba sola en esto. —Tienes razón. Iré —susurré. —¡Esa es mi chica! —Vesper me dio un beso en la mejilla, dejando un rastro de perfume floral que luchaba contra el olor a humedad de mi ropa—. Te dejo, tengo clase de Historia del Arte. ¡Escríbele a Stellan! No lo hagas esperar. La vi alejarse, sus tacones firmes sobre el mármol. Frente al cristal, noté mis sombras, mi cuello, mi cuerpo desbordándose.
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