CAPITULO 6

867 Words
**TESS** El sonido estridente de mi teléfono rompió el silencio de mi habitación a las seis de la mañana. Manoteé la mesita de noche, con el corazón galopando contra mis costillas, temiendo que fuera una emergencia. Al ver el nombre de Vesper en la pantalla, una mezcla de alivio y ansiedad me recorrió el cuerpo. —¿Vesper? ¿Pasa algo? —pregunté, con la voz pastosa por el sueño. —¡Tess! ¡Despierta, Cenicienta! —su voz sonaba eléctrica, cargada de una emoción que me contagió al instante—. No podía esperar más para decírtelo. He hablado con Stellan anoche… ¡Dios, Tess, está loco por ti! Me ha confesado que hoy quiere hacer algo especial. Quiere oficializar lo vuestro, hacerte una declaración frente a todos para que nadie vuelva a dudar de lo que siente. Me senté de golpe en la cama. El aire pareció escaparse de mis pulmones. —¿Una… declaración? ¿Estás segura? —mi pulso era un tambor desbocado. —Segurísima. Así que escúchame bien: ponte el vestido verde que compramos. No quiero excusas sobre si te aprieta o si te sientes expuesta. Hoy tienes que ser la mujer que Stellan ve en ti. Recógete el pelo, maquíllate un poco y llega al campus a las diez. Yo te esperaré en la entrada. ¡Hoy es tu día, Tess! Colgó antes de que pudiera replicar. Me quedé mirando el techo, sintiendo que por primera vez en mis diecinueve años, el destino me pedía perdón por haberme dado este cuerpo. Me levanté y me enfrenté al espejo. El proceso de entrar en aquel vestido fue una tortura física. La tela de seda, aunque hermosa, no cedía ni un milímetro. Tuve que contener la respiración mientras subía la cremallera, sintiendo cómo las costuras se tensaban sobre mi busto y mis caderas, marcando cada relieve de mi anatomía generosa. La faja de compresión que Vesper me obligó a comprar me cortaba el aliento, comprimiendo mis órganos hasta hacerme sentir mareada. “Duele”, pensé, observando cómo mi piel se desbordaba ligeramente en las axilas. “Pero si Stellan me va a mirar con amor, este dolor no es nada”. Me maquillé con manos temblorosas, tratando de ocultar las rojeces de mi rostro. Me veía diferente. No diría que hermosa, pero sí… importante. Como si por fin fuera la protagonista de mi propia vida y no el fondo borroso en la foto de alguien más. Caminar por el campus de Cypress Cove con aquel vestido era como desfilar por una cuerda floja. El sol de Florida ya empezaba a calentar el ambiente, y sentía cómo las gotas de sudor se deslizaban por mi espalda, atrapadas bajo la seda esmeralda. Cada mirada de los estudiantes que pasaban a mi lado me hacía querer encogerme, pero recordaba las palabras de Vesper y mantenía la barbilla en alto. Ella me esperaba en la entrada del edificio de Humanidades, radiante como siempre. Al verme, sus ojos brillaron con una intensidad que interpreté como orgullo. —¡Estás divina, Tess! —exclamó, enganchando su brazo al mío—. Ven, rápido. Están todos en el área de los cubículos de estudio. Stellan quería un lugar concurrido, quería que el mundo supiera que eres suya. Me dejé guiar, sintiendo que mis piernas pesaban una tonelada. Al entrar en la zona de estudio, el murmullo de las conversaciones se detuvo casi por completo. Había decenas de personas: atletas, animadoras, estudiantes de artes… Todos parecían estar esperando algo. En el centro del salón, rodeado de mesas de madera oscura, estaba él. Stellan Thorne. Se veía impecable, con una camisa blanca que resaltaba su porte atlético y una sonrisa que me detuvo el corazón. En sus manos sostenía un ramo de flores tan grande que casi ocultaba su pecho: rosas rojas y lirios blancos que perfumaban el aire cargado de aire acondicionado. Vesper me empujó suavemente hacia delante, susurrándome al oído: —Ve por él, campeona. Impresiónalo. Haz que este momento valga la pena. Mis mejillas se encendieron con un carmín violento. Caminé hacia él, consciente del sonido de mis tacones sobre el suelo pulido, consciente de cómo el vestido se ajustaba a mis muslos con cada paso. El silencio era sepulcral, solo roto por el clic de algunos teléfonos móviles. “Están grabando”, me di cuenta con un nudo en la garganta. “Es un momento de película”. Llegué frente a él. Stellan dio un paso adelante, y por un segundo, la calidez de sus ojos claros me hizo olvidar la presión de la faja, el roce de mis piernas y los años de burlas. Stellan extendió el ramo de flores hacia mí. Al tomarlo, el peso de los tallos y el aroma dulce me envolvieron. Sus dedos rozaron los míos, y sentí esa descarga eléctrica que me hacía creer que todo era posible. —Tess —dijo él, con una voz clara que resonó en todo el salón—. No te imaginas lo mucho que he esperado este momento. Bajé la vista, abrumada por la emoción. Mis ojos se llenaron de lágrimas de felicidad. —Yo también, Stellan —susurré, apenas audible.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD