**BASTIAN** El beso accidental, lejos de ser romántico, se sintió como una invasión, una agresión silenciosa que yo había cometido con mi propio cuerpo imperfecto. Y en ese momento, bajo la luz de la luna de Chicago, su indiferencia gélida se sintió más cómoda que la furia que veía nacer en sus ojos pálidos. El tiempo se congeló. El sabor de la leche fresca se mezcló con el del whisky caro, creando una combinación embriagadora y prohibida en mis labios. Podía sentir el calor que irradiaba el cuerpo de Bastian bajo el mío; era como estar tumbada sobre una piedra que llevaba horas bajo el sol, firme y ardiente. Mis pechos se presionaban contra su pecho sólido, y por un segundo que pareció una eternidad, no hubo insultos, ni risas, ni juicios. Solo el latido desbocado de mi corazón golpean

