3. El problema soy yo

1942 Words
Jugueteo con el mouse de la computadora, hasta ese día era la fecha límite para aceptar la solicitud como postulante para entrar entre la lista de mujeres escogidas. Si tan sólo no existira el problema de la edad. Angélica, sabía que al entrar en este proyecto sus posiblidades de matrimonio serían cualquiera, no todos tenían la buena suerte de Zoé Wolton, Alicia Millony y Anna Williams, esas mujeres fueron bendecidas con los hombres que Dios les mando, además de guapos, ricos. Le entraba la envidia de la buena. Pero sus mundos estaba completamente diferentes. Ella pertenecía, Aqui. Donde estaba y de donde no se había movido desde hace años; cuando renunció a su apartamento, a su coche y a sus tarjetas de crédito. Toda su vida habia trabajado duro, y cuando por fin se había graduado de la Universidad y conseguido un empleo bien pago, no había pasado ni dos años cuando la tragedia golpeo a la puerta de la casa familiar, ahora todos vivían juntos. Angélica, dejo de vivir esa vida hace un año cuando vieron que no ahorrarán lo suficiente. Todos habían renunciado a su independencia y empezar a vivir juntos como familia por el bien de Enrique, nadie se quejaba, todos amaban a Enrique y no hacían de buena gana. Actualmente trabajaba en el mismo lugar, con la diferencia de que ahora todos la miraban por encima del hombro, muchos de los que creyó eran sus amigos, ya no la invitaban a salir. Algo que no le importaba, ella tampoco les hubiese aceptado una salida, tenía otras prioridades mucho más importante, que estar intentando caerle bien a todos. Suspirando pesadamente, y sin pensarlo dos veces, le dio clic al botón de aceptar. Lanzó sus manos al cielo, soltando una chillido de irritación. Estaba frustrada, en situaciones así, se requería medidas desesperadas. ¿Que tan mal sería besar a un hombre de cuarenta y cinco años? —Malisimo — mascullo su mejor amiga Selenka —Es un vejeque. Después de varias horas de quedarse viendo la pantalla del computador, decidió que tenía que salir de su casa. Ir a una discoteca fue la mejor opción que se me ocurrió, pero Selenka no la dejaba en paz después de haberle comentado la situación con el posible pretendiente de cuarenta y cinco años. —Solo son veinte años —se defendió. Alzó la voz para que la pudiera escuchar sobre el alto volumen de la música. —Podría ser tu abuelo ¿No te das cuenta?— Selenka la golpeo en la nuca —¿ Eres idiota o que? — los ojos marrones de su mejor amiga votaban chispas de disgusto, la de aprobación de ella estaba siendo un poco más calmada de lo que sería la de su familia si llega él caso de casarse con este hombre. —Aush— se quejó — Me golpeaste fuerte y me parece que exageras. Su amigo a la tomó por el brazo arrastrandola entre la m******d que se apretaba unas contra otras en el bar, esa noche Angélica había soltado su cabello dejándolo caer en suaves ondas que llegaban hasta el final de su espalda, el color chocolate de su piel brillaba a causa de la crema escarchada dorada que le gustaba usar. No había necesidad de pestañas ni depilar sus cejas, ella poseía ese gran don genético latino que causaba admiración en muchos, sin tan sólo hubiese sido más alta, su problema siempre fueron esos 1.60 de altura que poseía, eran muy bajita y sus labios demasiado carnosos, nariz pequeña y pómulos altos. Era bonita, no bonita con delicadeza, esa tal cual su madre decía "La belleza salvaje de la costa colombiana" un exótica ave del Amazonas. Angélica nunca entendió la referencia, hasta que conoció a sus primas del otro país, definitivamente la genética colombiana y mexicana cuando se juntaban hacian algo increíble. Lo que a veces no ayudaba, su jefe la invitaban a salir constantemente, y Angélica tenía que soportar la mirada morbosa de ese desgraciado, por esa misma razón estaba buscando otro empleo, pero no había tenido suerte hasta el momento. —Ahora, si. Me vas a contar que estupidez es la que estas haciendo—la metió en un rincón desprovisto de personas. —Ya te dije, al fin me contactaron y al parecer soy una de las pocas mujeres que cumple con los requisitos de este hombre — repitió apartando la vista de su amiga. —¿Pero estas loca mujer? — la regaño— Es un viejo, te vas acostar con un vejeque arrugado, feo y gordo... No me quiero imaginar lo peludo que debe de estar — Selenka hizo una mueca de asco. Sinceramente Angélica la comprendía, ese había sido su propio pensamiento. Lo que la esperaba si este hombre la elegida, era un hombre mayor que probablemente le pediría que le lavara los pies. Vio a su amiga frotarse su piel blanca con estremecimiento. —Hay que actuar rápido — la vio mirar a su alrededor con ansiedad, ella la imitó buscando que era lo que llamaba la atención de su amiga. —¿De que o que? — pregunto confundida. —Hay que buscar a un hombre que te haga el favor antes de que te cases con ese viejo. —¿Que me haga el que...?— fruncio el ceño confundida, para luego entender la referencia de su amiga —Oh, eso. No haré tal cosa, no estoy segura de ser elegida probablemente otra mujer tenga más cualidades que yo, no creo pasar la primera cita. —Tu, si que te tienes en poco, mujer. Eres hermosa, además de eso, inteligente, claro que pasarás. Ahora, vamos — la arrastró hasta la pista de baile. Angélica intentó soltarse, pero selenka había tocado el hombro de un hombre, cuando este se dio la vuelta, empujó a Angélica contra el pecho de este haciendo que el proceso ella casi callera, el hombre la sostuvo por las caderas evitando la bochornosa caida. —¡Disculpe! —grito para hacerse oír sobre el ruido de la música. Ella se alejo, pero el hombre la apretó contra él. —Esta bien, no se preocupe. Estaba a punto de decirle nuevamente que la soltara cuando esos ojos verdes la dejaron paralizada en el lugar, la hipnosis de ese color verde tan claro como la orilla del mar la dejaron un poco noqueada. Eran bonitos. él era guapo. El cabello le caia sobre la frente en un montón de rizos rojizos. Se sacudió el shock momentáneo e intentó alejarse. —Bailemos — le murmuro al oído agarrandola nuevamente. Dudo un momento, pero el pensamiento de Joven y guapo. No la hizo retroceder, dejando llevarse por el movimiento de la música. Tal vez, Selenka tenía razón y deberia dejar que esa noche este hombre hiciera el favorcito. Él le apretó las caderas y se restregó contra ella, pudo sentir la rigidez de su d***o, y Angélica no lo pensó dos veces, pronto se encontró entre un rincón de la discoteca siendo besado con pasión. La mano del pelirrojo descendió por sus músculos llegando al lugar que ella jamás había usado como decía Selenka. Se separó de él soltando un sonido de deleite. Él no le dio tregua y volvió a besarla. —Vamos a otro lugar —le susurro. —Si— gadeó, sin saber exactamente lo que decía. Sin embargo, no llegaron muy lejos. Él la dirigió por un pasillo aun rincón oscuro dejos de la vista de todos, la pego contra la pared, tomando nuevamente sus labios. En un momento dado llevo sus manos a su abdomen alzandole la blusa. Dejando al aire libre toda la zona de la cadera hacia arriba. Se separó de ella y debió los labios al lugar que acaba de despojar del s****n. Al sentir sus labios en esa sona sensible Angélica se estremeció, lo agarro del pelo apretandose más contra él, luego él la soltó con un sonido vergonzoso, la alzó entre sus brazos apartando la tela que le obstruía de debajo de la falda. Angélica, no lograba coordinar sus pensamientos. Sus mente totalmente nublada hasta que sintió una presión. De pronto, ella se congeló. Un sonido de conciencia la hizo reaccionar, el chico metió la mano para poder acomodarse, pero Angelica lo apartó. —¡No! — grito asustada — ¡Bajame! —Espera... — se colocó en posición. Asustada volvió a empujarlo por el pecho. —¡He dicho que me sueltes! — chillo desesperada. —Esta bien... Dame un momento— él la soltó mirándola con curiosidad —¿Estas bien? Avergonzada antes sus actos fuera de control, ella asintió con la cabeza, miro hacia abajo dándose cuenta que estaba desnuda, rápidamente se bajo la blusa y se acomodo la ropa. —Lo siento, pero no puedo. No lo haré aquí ni en ninguna otra partes. Adiós —se dio la vuelta dejándolo solo en el lugar, estaba segura de que esos ojos verdes la seguian, confirmó sus sospechas cuando lo sintió a su lado sentándose en el taburete vacío. —Una cerveza para mi —pidio—, y para la dama... Bueno ¿Que quieres tomar?— le preguntó. —Algo fuerte — no iba a rechazar una bebida, pero luego la lucidez volvió. Ella no podía beber alcohol—. Mejor no. El barritas se fue, para luego regresar. Angélica, miro por el rabillo del ojo al pelirrojo, el la contemplaba sin discípulo. —¿Que tanto me vez? — espeto molesta. —Me preguntaba que podría haberte hecho cambiar de opinión, a mi parecer estabas muy dispuesta. —Eso no es de tu incumbencia— molesta tomó el vaso que le ofrecía el bartender, pero no se lo bebido, al parecer no la escucho cuando ya había rechazado la bebida. —¿Hay un amor de por medio? ¿Quizas querias olvidar algo pero al final tu conciencia no te dejo? Tengo curiosidad ¿sabes? Los vinos labios de hombre tocaron el vaso y tomó un sorbo. Los ángulos de su rostros eran marcados y masculinos. Joven y guapo. volvió a pesar. —La curiosidad mato al gato—replicó. Lo escucho reír y fue una risa que erizo los bellos de su piel. Sin embargo, la aplacó de inmediato. Este extraño no podía obtener una noche con ella, nunca nadie lo había logrado. Y no era porque ella no quisiera, el problema era que cada vez que lo iba a intentar sentía que se cerraba por completo, pensado que todo iba a doler un infierno. —El problema soy yo— dijo al final. —No veo que tengas ningún problema. —Es algo que no entenderías, lo que tu necesitas saber y que no conseguirás nada conmigo esta noche ni ninguna otra —se bajo del taburete al ver que Seleka se acercaba con una miraba de complicidad. —Hola — saludo demasiado feliz para el gusto de Angelica. —Y adiós, ya nos vamos. — tomó a su amiga del brazo. —Eh, ¿porque? — fruncio el ceño. —Entonces quédate — la soltó y empezó a caminar en dirección a la salida de la discoteca. —¡Toma este es su número de teléfono!— Angelica ignoro a Seleka cuando esta sacaba el celular del chico y Empezaba a notar el número. No la espero, salió del bar y paro un taxi. Su amiga apareció detrás un segundo después. No la miro y ni siquiera le recriminó el atrevimiento de darle su número a un extraño. Porque Angelica estaba pérdida en sus pensamientos, siempre le pasaba lo mismo y no sabía porque.
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