4. Compañera de vida

1568 Words
—¿Tu crees que con veinticinco años se sea muy menor para mi ? —preguntó Terry pensativo. Aníbal, uno de sus mejores amigos sonrió con malicia, ante la pregunta sin apartar la mirada de una carpeta. —Las mujeres le llamarían colágeno si fuera hombre, pero nosotros llamamos Viagra a las mujeres jóvenes. —Te acabas de inventar lo ultimo —Resoplo. Aníbal río divertido, pero respondió con sinceridad. —Cualquiera menor de treinta es muy joven, pero que eso no te detenga— le mostro una foto que saco de la carpeta—A mi me va muy bien con mujeres como esta — comentó con satisfacción Terry, colocó en el escritorio la carpeta que esa misma mañana le habían enviado desde las oficinas de HuntingLove, su solicitud buscando una esposa tardó más de tres meses en ser contestada. Hay quienes seguramente se preguntarán porque un hombre de sus edad buscaba una esposa de esa manera, si fácilmente podría seducir a cualquiera, pero él no quería a cualquiera. Aunque su anterior matrimonio había fracasado estrepitosamente. Victoria, aun era una mancha negra en su vida. —¿Soy tan viejo con cuarenta y cinco años? — preguntó irónicamente. Siguiendo el hilo de la conversión, Sin querer pensar en la mujer que creyó era una buena persona, pero terminó siendo alguien de lo más horrible. —Una mujer de tu edad deberia bastar — se mofó Aníbal. —Cierto— concordó—, no creo que una jovencita podría soportarme—suspiró mirando nuevamente los currículum de las mujeres. Estaba empezando a dudar de su decisión, la idea de una nueva mujer en su vida causaba una emoción que a la misma vez lo hacia dudar. —Aunque... —Aníbal hizo una pausa — Ahora están de moda los SugarDaddy, sería prácticamente normal verte con una mujer joven—río con fuerza su mejor amigo, burlándose de la situación en la que se encontraba. —Que gusto que mi situación sea para tu deleite. —Vamo, hombre ¿Acaso no te haz visto al espejo? — los ojos de Aníbal brillarom con humor —Amigo, con tu aspecto no necesitas convencer a una jovencita, tu las atraes fácilmente. Pareces un personaje de una novela romántica de escoceses, tengo una escritora en mi editorial que es muy buena escribiendo ese tipo de historia. Es más, debería decirle que te vea para que se inspire. —Soy escoces—Replicó rodando los ojos—, pero también tengo canas —señalo su cabello—Seguramente en esas novelas los protagonistas no tienen mi edad. —Vas al gimnasio y te mantienes saludable... Para tener tu edad te ves muy bien, amigo mío. Ignorando a Aníbal y sus locas ideas, volvió a centrarse en las carpetas, eran diez en total, pero y había descartado a cuatro ¿La razón? Conocía a sus familias, eran ricas y seguramente los padres las habían ingresado al programa, además de que no quería vínculos con esas familias. — Debi colocar mayor de treinta años — dijo por lo que fue la quinta vez que se lo repetía esa tarde. —¿Que tal esta? —Aníbal le pasó una carpeta que atrevidamente había tomado del escritorio de Terry. Tomó la carpeta con interes. —Cuando tengan hijos seguramente lo llamaran abuelo —se mofó Tyler, entrando a la Oficina sin tocar la puerta. —Por favor, Tio. Si querias una jovencita me hubieses dicho, en los club abundan. — Estos jóvenes de ahora —murmuro Aníbal con disgusto —No se como los crían. —Con leche de niñeras—se río Tyler. —Sobrino, si hubiese querido una mujer de un bar ya estuviera haciendo un tour por todos los club nocturnos de New York. No les dijo que la idea había cruzado su mente en un determinado momento, pero la desecho inmediatamente, no se sabía con que tipo de mujer se podía encontrar en esos lugar que su sobrino constantemente visitaba. Lo gracioso era que Terry poseía un club nocturno, lo había adquirido por puro capricho. —¿Porque a la agente le gusta casarse? — Tyler se estremeció con terror —Pobre de mi hermano Zacarías, a ese ya le andan buscando una esposa, yo me voy a perder del mapa por un tiempo, no quiero que mis padres también me pongan a la venta. —Aun sigues viviendo despreocupadamente, algún día entenderas la necesidad de tener una familia. Además, he vivido la mayor parte de mi vida ocupado y sin un a mujer a mi lado. —Tuviste hijos muy rápido —Aníbal señalo — Creo que debiste mantener a Mariana. —Ja —bufo — Esa nunca se quiso quedar, solo me dejó un hijo y se largo. Otra mancha en su vida que aunque le echará Clorox y un sinfín de artículos de aseo para quitar, permanecía tercamente. Las mujeres de su vida no habían dejado huellas buenas en él, pareciera que tuviera un imán para las mujeres malvadas y brujas. —Eran muy jóvenes, apenas acaban la Universidad— le recordó Aníbal. —Definitivamente la tia era una bruja —se quejó Tyler—, pero una muy bella, ¿la haz visto ahora? Se operó los glúteos, esa mujer por donde pasa deja a los hombres con la baba callendo por las comisuras de la boca. Definitivamente esta buena. Aníbal, Pellizco el brazo de Tyler con fuerza, este se quejó lanzándole una mirada irritada. —Es igual de libertina que tú —Terry masculló. Desaprobaba completamente la vida que llevaba su sobrino, pero lo quería tanto que no podía tomar represalias muy duras contra él, además, aun era joven. Algún día entendía que no podía ir por la vida como si esta no tuviera karma. —No es propio de ti hablar mal de una mujer, Tio— murmuro su sobrino tratando de calmar el ardor del brazo pellizcado. —Todos, saben quien, y como es Mariana, no es un secreto. —¿Que edad era que tenías cuando la tia quedo embarazada? — preguntó curioso. —Dieciocho— Respondió Terry encogiendose de hombros—, primer año de Universidad, era un joven inexperto. Y ella, no es tu tia. Le fastidiaba que el nombre de Mariana siempre saliera a relucir en su familia, era una horrible mancha de la que no se podía deshacer y mucho menos porque su hijo mantenía contacto cono esa mala mujer. — Me deja entrar a las premier de las películas—sonrió Tyler—. Tener un familiar en la farándula no esta mal, y mucho menos si es una actriz muy famosa. —Por eso es que los engaña a todos, es muy buena actuando — espeto Terry. —Lo que realmente me tiene curioso es ¿Porque quieres casarte ahora?— Tyler se sentó enfrente de él. Esos ojos verde, casi igual a los suyos lo miraron con expectación, esperando a que le contara su motivo. Sopesó la idea, no era nada de lo cual tenía que avergonzarse, era un hombre de cuarenta y cinco años que ya estaba cansado de vivir solo, desde que su hijo fue adulto y se casó, ya no supo como contrarestar la soledad. Quería una mujer, quería compañia... Pero era tan difícil conseguir una. Realmente lo intentó, intentó tener citas a ciegas, conocer mujeres, a través de otros amigos y nunca funcionó. Su última esposa resultó una caza fortunas, y con la que recientemente había estado, era una loca tóxica que seguramente ya estaba en la etapa Inicial de la menopausia. Isabel, era una mujer treintena y seis años, claramente no tenía síntomas de la menopausia, pero cada vez que discutían él le hacia ese comentario y ella se colocaba más histérica, no importaba ya lo que ella dijera o pensará, su relación con Isabel estaba terminada. Todas las mujeres con las cuales había estado, eran mujeres de treinta años en adelante. Hasta ese momento todo bien, Pero entonces, él había visto las vibras de una mujer joven, la alegría de la juventud, las risas y bromas. Eso, lo cautivó. A diferencia de lo que Aníbal pensará, no era que quería sentirse joven. No. Él quería que lo hicieran reír, que lo llenarán de esa vida de felicidad, y también poder darle todo a la mujer que sería su esposa. Algunos diran que es mejor enamorarse, y no solicitar una mujer bajo contrato, pero no era tan fácil, además, ya tenía sus planes de como lograr conocer a estas mujeres sin que ellas sepan completamente de su fortuna. Su eesposa debía ser una mujer de buen corazón, una guerrera en los negocios. Él, no tendría una mujer de lujo. No. Ella también tenía que luchar a su lado en la compañía que dirigía. Por esa misma razón, acudía a HuntingLove, porque ellos tenían al tipo de mujer que Terry buscaba. —Entonces... —Tyler volvió a hablar —¿Motivos de casarte? Un heredero no es, ya tienes un hijo y dos nietos. —Quizás le gustan las jovencitas— se río Aníbal. Rodando los ojos, se colocó de pie agarrando el saco de su traje. —Busco una compañera de vida —dijo caminando hacia la puerta —Ahora, vámonos tengo hambre. Ellos no lo sabía pero su primera parada era el lugar donde estaría una de sus posibles prometidas.
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