Carlo De Luca llevaba más de una hora dentro, siendo interrogado por la Commissione. Greta, rodeada de su gente y de su padre, mantenía una calma aparente, pero por dentro cada segundo era una eternidad. Las respiraciones de todos los presentes llenaban el aire de una expectación casi visible, y nadie se atrevía a hablar. El momento había llegado, y lo que estaba en juego era el destino de la familia Rizzo… y la venganza por la muerte de Simone. Finalmente, la puerta se abrió. Un hombre se acercó y, con un gesto solemne, los llamó para que entraran ellos cuatro, Nicola y Greta Greco, así como los Salvo. Greta respiró hondo, su padre le dio una palmada firme en la espalda, y juntos avanzaron hacia la sala donde los miembros de la Commissione esperaban. El ambiente en la sala era g

