Greta caminó por el pasillo del hospital con la cabeza baja, el corazón latiéndole en los oídos. Su nuevo guardaespaldas mantenía la distancia suficiente para no incomodarla, pero lo bastante cerca como para protegerla de cualquier amenaza. Sabía que había sido precavida, discreta, nadie sospecharía el motivo real de su visita. Y aunque lo había pensado una y otra vez, había algo dentro de ella que la empujaba a necesitar la certeza, a no dejar lugar para dudas. El hospital tenía un aire aséptico, demasiado frío para el peso que ella llevaba dentro. Entró a la consulta, donde una enfermera le explicó el procedimiento mientras le sacaba sangre para la prueba de embarazo. También había hecho una prueba de orina. Las palabras de la mujer resonaban en su cabeza, pero todo se sentía distant

