Ginevra se miró en el espejo mientras se acomodaba el vestido rojo que Renata había elegido para ella. El vestido se ajustaba perfectamente a su cuerpo, resaltando cada curva con elegancia y sensualidad. El tejido de satén brillaba con el movimiento, la abertura lateral revelaba su pierna cada vez que daba un paso, y el escote realzaba su figura de una manera sutil pero provocativa. Su cabello caía en suaves ondas sobre sus hombros, y los labios pintados de rojo intenso completaban el look que, sin duda, captaría la atención de todos en la fiesta. Ella tenía que ir perfecta, y ese era su mejor intento. Debía demostrar que estaba a la altura para ser la compañera de Angelo. La puerta de la habitación se abrió, y Angelo entró. Por un momento, se quedó congelado en el umbral, sus ojos recor

