Angelo aún estaba en el despacho con su madre, ambos más relajados después de la tensa confrontación anterior. Angelo observó a Alessandra en silencio por un momento, luego decidió hablar. —Sé del trato que hiciste con Vito para los hijos que tuviera con Luna —dijo finalmente, su voz controlada, aunque muy cargada de reproche. Alessandra lo miró fijamente, sin atreverse a negar la verdad. Dejó el vaso de coñac sobre el escritorio, cruzando las piernas mientras mantenía la mirada en su hijo. —Solo eran negocios —respondió Alessandra, su tono era frío y calculado, casi despectivo. —¿Negocios con mi hijo? —replicó Angelo, con una calma que ni él mismo creía. Su voz mantenía un tono contenido, pero el fuego en sus palabras lo delataba. Angelo continuó, sin darle tiempo a su madre para re

