Ginevra observando cómo los empleados iban y venían con platos, vasos, y cubiertos, preparando todo para el almuerzo. No tenía realmente que hacer nada, pues cada detalle estaba siendo supervisado por los empleados, pero la inquietud en su pecho la mantenía activa. Alessandra estaría allí en menos de una hora, y por más que tratara de mantener la calma, el nerviosismo era evidente en cada uno de sus gestos. Ginevra, frente al espejo del pasillo, ajustaba una vez más el vestido que había elegido para la ocasión, un atuendo sencillo, algo elegante. Se miraba las manos, sintiendo el leve temblor en ellas, y su corazón latía con fuerza. Había organizado todo al detalle, quería que nada saliera mal, pero el temor de que Alessandra pudiera encontrar algún fallo en su organización o, peor aún,

