++++ Un rayo de luz atraviesa la cortina entreabierta de mi habitación, pero yo estoy tan profundamente dormida que no noto nada. De pronto, siento un dolor súbito en una de mis nalgas y un grito familiar en mi oído que me hace despertar de golpe. —¡Roxana! ¡Despierta ya! ¡Ya es tardísimo! ¿No eres tú la responsable en tu trabajo? —la voz de mi madre es casi como un látigo, y yo me sobresalto, mis ojos se abren como platos, y mi primer instinto es saltar de la cama. Me pongo de pie, medio tambaleando, y tanteo el aire hasta que encuentro mi teléfono en la mesita de noche. Mi cabeza da vueltas mientras intento ordenar mis pensamientos, tratando de asimilar lo que acaba de decirme. ¿Tardísimo? ¿Para el trabajo? Pero si… ¡Yo puse alarma! —¡Maldición, maldición, maldición! —murmuro, comple

