+ Luego de estacionar el auto, me deslizo fuera de él con movimientos cuidadosos, como si un solo ruido pudiera alertar al mundo entero de mi llegada. ¡Parezco toda una ladrona! ¡Ladrona en mi propia casa! Caminando en puntillas, casi conteniendo la respiración, logro abrir la puerta de la casa con la misma delicadeza con la que abriría una caja de cristal. Dejo las llaves en la mesita de la entrada, aliviada de que, hasta el momento, mi llegada parece haber pasado desapercibida. Pero mi suerte se acaba tan rápido como empezó. La lámpara de la sala se enciende de golpe, bañando todo con esa luz fría y reveladora que uno teme en una escena de suspenso. Solté un grito ahogado y puse una mano en el pecho, como si eso pudiera calmar el ritmo de mi corazón. —¡Mamá! —protesto entre susurros

