++++ Los tragos llegaron, y alzamos nuestras copas en un brindis improvisado. Roxana me miraba por encima del borde de su vaso, con esos ojos cargados de una chispa que parecía desafiarme a seguir adelante. Cada vez que la miraba, sentía cómo la conexión entre nosotros se volvía más palpable. —Entonces, ¿por qué nunca me habías invitado a salir? —preguntó ella, apoyando su brazo en la barra y acercándose un poco más. Su tono era casual, pero su sonrisa me decía que estaba esperando una respuesta interesante. Sonreí y me encogí de hombros, girando el vaso en mi mano. —Tal vez porque siempre pensé que eras inalcanzable —respondí, medio en broma, pero con un toque de verdad. Ella arqueó una ceja y dejó escapar una risa suave. —¿Inalcanzable? Ryan, por favor. ¿Desde cuándo te intimida al

