Amaya bajó la mirada, sintiendo un nudo en la garganta. —No es eso. Es solo que… con todo lo que está pasando, no me pareció el momento adecuado. Tu familia ya me odia, las cosas están tensas, y… —Su voz se quebró, pero respiró hondo y continuó—. Un bebé ahora complicaría todo aún más. Álvaro le acarició la mejilla. —Amaya, escúchame. No importa lo que diga mi familia, ni lo que esté pasando. Si algo así llegara a ocurrir, lo enfrentaríamos juntos. No estoy molesto porque tomaste la pastilla, entiendo tus razones. Pero quiero que sepas algo: nunca tengas miedo de hablar conmigo sobre esto. Nunca sientas que estás sola en decisiones como esta. ¿Entendido? Amaya asintió, sintiendo cómo las lágrimas corrían por sus mejillas. —Lo siento, Álvaro. Solo… no sabía cómo reaccionarías. —No ti

