La habitación estaba en completo silencio, con la tenue luz de la luna colándose a través de las cortinas. Amaya dormía profundamente, su respiración tranquila era lo único que rompía el silencio. Álvaro, sin embargo, no podía descansar. Sus pensamientos giraban en torno a la situación que estaban enfrentando: su destitución, la tensión familiar, y ahora, el futuro que quería construir con Amaya. Se levantó con cuidado para no despertarla y caminó hacia la sala, decidido a enfocarse en el proyecto que llevaba días rondando en su mente. Encendió su portátil y comenzó a trabajar en un plan detallado para expandir la producción de brandy de autor, una idea que había estado postergando por las exigencias de las empresas Santibáñez. Mientras revisaba notas y ajustaba cifras, su mirada se posó

