El salón del hotel donde se llevaba a cabo el cóctel estaba lleno de lujo y elegancia. Los invitados, vestidos con atuendos impecables, sostenían copas de champán mientras conversaban en pequeños grupos. Álvaro entró con paso seguro, su presencia captando de inmediato la atención de varias personas. Sabía que su asistencia era importante, pero su mente vagaba de vez en cuando hacia Amaya, preguntándose si estaría bien, qué estaría haciendo en ese momento. No pasó mucho tiempo antes de que un grupo de mujeres, amigas y conocidas de su círculo social, se acercaran a él. Todas lucían perfectas, con vestidos deslumbrantes y sonrisas que dejaban en claro su interés. —¡Álvaro! —exclamó una de ellas, una rubia de mirada brillante que colocó una mano en su brazo—. Pensamos que no vendrías. —Sie

