El ambiente del bar cambió súbitamente cuando Carmina apareció. Su figura alta y estilizada atrajo la atención de varias miradas al entrar. Llevaba un vestido rojo ajustado que parecía diseñado para destacar cada curva, y su sonrisa deslumbrante irradiaba confianza. Caminó directamente hacia la mesa de Álvaro y Alfonso, sus tacones resonando con firmeza en el suelo de madera. —Álvaro, querido —saludó Carmina, inclinándose para darle un beso en la mejilla antes de dirigirle a Alfonso una sonrisa rápida y superficial—. Alfonso. —Carmina —respondió Álvaro, inclinando la cabeza levemente en señal de saludo. Carmina no tardó en acomodarse frente a él, cruzando las piernas de manera deliberada, con una expresión que mezclaba coquetería y desafío. —Hace días que no te veo. Creí que me habías

