Amaya Ramirez.¿La candidata ideal?

1648 Words
Antes de que pudiera enviar ese correo, una enfermera le avisó que podía pasar a ver a su hermano por unos minutos. Amaya guardó el móvil y siguió a la mujer caminando tras de ella, abrió la puerta de la habitación y entró. El monitor cardiaco emitía un pitido suave, casi imperceptible, mientras Lucas yacía inmóvil en la cama del hospital. Su rostro pálido y su cuerpo delgado parecían aún más pequeños entre las sábanas blancas. Amaya se sentó en una incómoda silla junto a él, con las manos temblorosas aferradas a las de su hermano. La piel de Lucas estaba fría al tacto, como si la vida misma se escapara lentamente de su cuerpo. —Aguanta, por favor —susurró, su voz quebrándose al instante. La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por la luz tenue del monitor. Amaya observó las pequeñas contracciones de su pecho al respirar, como si cada inhalación fuera una lucha contra un enemigo invisible. Su corazón se rompía con cada segundo que pasaba viendo a Lucas así, tan frágil, tan vulnerable. Las palabras del médico resonaban en su mente como un eco maldito. "Necesita una cirugía urgente. Sin ella, su corazón no podrá resistir mucho más." Entonces antes de cometer la locura de enviar ese correo decidió jugarse la última carta, tomó el teléfono, desesperada, y marcó el número de su tía. Sabía lo que iba a escuchar, pero no tenía a nadie más. —¿Amaya? —respondió una voz molesta al otro lado de la línea. —¿Qué quieres ahora? —Tía… por favor, necesito tu ayuda —murmuró, su voz quebrándose al instante. Intentó no sonar desesperada, pero era inútil—. Lucas está muy enfermo. Los médicos dicen que necesita una cirugía urgente. Por favor, préstame dinero. Prometo devolvértelo en cuanto pueda. El silencio al otro lado fue como una bofetada. —Amaya, ya te lo dije antes. Yo también tengo problemas. No puedo estar manteniéndolos a ustedes dos. —No estoy pidiendo que nos mantengas, solo que me prestes algo… Es la vida de Lucas, tía. Por favor… —Amaya… a veces hay cosas que simplemente no se pueden solucionar. Quizá debas aceptar que este no es un problema que puedas arreglar —respondió la mujer, con un tono frío que partió a Amaya en mil pedazos. No pudo responder. Colgó antes de que las lágrimas le impidieran hablar. La habitación parecía hacerse más fría, más oscura. Amaya cerró los ojos, pero el peso de los recuerdos la golpeó con fuerza. Era una tarde lluviosa, como tantas otras en esa temporada. Tenía dieciocho años, y Lucas apenas cinco. Estaban esperando a sus padres, quienes habían salido al mercado. La llamada llegó poco después. "Un accidente", dijeron. Un auto de lujo, manejado por un joven conductor ebrio, había destrozado el vehículo de sus padres. Murieron en el acto. No hubo justicia. La familia del conductor, millonaria y poderosa se encargó de silenciarlo todo. Ni juicio, ni disculpas, ni siquiera un reconocimiento de lo que habían hecho. Solo un cheque para cubrir los gastos del funeral, como si eso pudiera reparar lo irreparable. Amaya abrió los ojos de golpe, tragándose las lágrimas que pugnaban por salir. "No voy a perderlo también", pensó, mirando hacia la pequeña cama donde Lucas dormía profundamente. Cerró los ojos, recordando las palabras que su madre le decía cuando era niña: "No importa cuán difícil sea el camino, siempre hay una manera de seguir adelante." Pero ¿cuál era esa manera? ¿Qué opción le quedaba? Entonces fue ahí que decidió enviar el correo. **** Álvaro Santibáñez estaba sentado en su oficina, rodeado por el lujo habitual que ya no le decía nada. La laptop frente a él contenía una lista interminable de respuestas al anuncio que Alfonso había publicado. Su paciencia, ya de por sí escasa, se estaba agotando rápidamente. Alfonso irrumpió en la oficina, como siempre sin tocar, con su sonrisa despreocupada y un vaso de whisky en la mano. —¿Qué tal, magnate? ¿Ya encontraste a tu futura señora Santibáñez? —preguntó, dejándose caer en el sofá frente al escritorio. Álvaro no respondió de inmediato. En cambio, giró la laptop hacia Alfonso, mostrando el último correo que había revisado. —Lee esto —solicitó, con el tono plano de quien ya ha perdido la esperanza. Alfonso se inclinó hacia la pantalla. —"Querido magnate, soy la mujer perfecta para usted porque sé exactamente lo que un hombre como usted necesita: alguien que ame los lujos." —Levantó la mirada hacia Álvaro, su expresión incrédula—. ¿En serio? Álvaro asintió, con una sonrisa amarga. —Abre la foto adjunta. Alfonso obedeció, y casi escupió el whisky de la risa al ver a una mujer posando en bikini junto a una piscina de lujo. —¿Qué es esto? ¿Un casting para un reality show? —Sigue buscando. Las demás son igual de ridículas. Alfonso, ahora divertido, comenzó a abrir los correos uno por uno. —"Estoy dispuesta a casarme contigo, pero espero una compensación de doscientos mil dólares. Además, quiero un viaje a París en la luna de miel" —leyó, antes de soltar una carcajada—. Esta al menos tiene metas claras. —Sí, metas que no incluyen trabajar —respondió Álvaro, pasando una mano por su rostro. Otro correo llamó la atención de Alfonso. —"Tengo ochenta y dos años, pero la experiencia vale más que la juventud. Estoy lista para ser su esposa y darle todo mi amor." Álvaro lo miró, incrédulo. —Ochenta y dos años… —Se ve comprometida —bromeó Alfonso, mostrando la foto adjunta: una señora sonriente con un traje de dos piezas. —Esto fue una pésima idea. Ninguna de estas personas es seria. —¿Seria? Álvaro, publicaste un anuncio buscando esposa en alquiler. ¿Qué esperabas? ¿Un informe financiero adjunto? Álvaro apenas esbozó una sonrisa mientras cerraba un mensaje más. —Tal vez debí pensarlo mejor. —No te rindas aún. Todavía hay correos por revisar. Quizá encuentres a la candidata perfecta en la siguiente tanda —propuso Alfonso, dándole una palmada en el hombro antes de levantarse para servirse más whisky. Álvaro suspiró, volviendo a la laptop. En la bandeja de entrada apareció un mensaje que le llamó la atención por su sencillez. "Mi nombre es Amaya Ramírez. Cumplo con casi todos los requisitos indicados. Estoy interesada en la propuesta. Espero su respuesta." Eso era todo. Ni promesas vacías, ni extravagancias. Solo esa breve introducción. Con curiosidad, abrió el archivo adjunto. La hoja de vida era sencilla: trabajos humildes como mesera y asistente administrativa. Pero cuando abrió la fotografía, se detuvo. Amaya Ramírez. Su rostro era sereno, con una belleza discreta que no necesitaba maquillaje para resaltar. Apenas llevaba algo en los labios, y su cabello oscuro caía en mechones simples, sin pretensiones. Lo que realmente llamó su atención fue su expresión. Había una dulzura genuina en sus ojos azules, una especie de pureza que contrastaba radicalmente con las demás candidatas que había revisado. No estaba sonriendo del todo en la foto, pero sus labios formaban una ligera curva que irradiaba sinceridad. No era una sonrisa estudiada ni coqueta. Era real. Por primera vez en todo el día, Álvaro sintió que esta candidata podría tener algo diferente. —Interesante… —murmuró para sí mismo. Pasó a la descripción que había incluido en el archivo. No decía mucho, pero algo llamó su atención: "Busco esta oportunidad para solventar una situación médica familiar." «Probablemente desesperada», pensó Álvaro. Si realmente necesitaba ese dinero para salvar a un familiar, entonces podría ser la candidata ideal: alguien que estaría completamente comprometido con el trato, sin exigir nada más. —¿Qué piensas? —preguntó Alfonso, regresando con su vaso de whisky. Álvaro giró la pantalla hacia él. —Esta es la primera candidata que me hace detenerme. Alfonso se inclinó, mirando la foto con curiosidad. —¡Amaya! —¿La conoces? —preguntó Álvaro, frunciendo el ceño. —Sí, trabaja conmigo ocasionalmente en el bar. ¿Recuerdas la que se cayó en tus piernas, la del incidente con el cliente ebrio? Es ella. Álvaro conectó los puntos. —¿La que me respondió altanera? —La misma. Es valiente, eso sí. Pero sé que lo hace por necesidad. Tiene un hermano enfermo, y trabaja donde puede conseguir algo de dinero. Álvaro permaneció en silencio por un momento, observando la foto. «Desesperada, pero con carácter», pensó. «Eso podría ser útil». —Entonces, ¿qué dices? ¿Vas a contactarla? Álvaro asintió, escribiendo una respuesta rápida en el teclado. —Listo —dijo, cerrando la laptop con un gesto decidido—. Vamos a ver si su historia es tan real como parece. **** Amaya seguía en el hospital. No había forma de conseguir tanto dinero, y no esperaba gran cosa del correo que había enviado. Tal vez todo había sido una broma cruel, pero no tenía más opciones. Cuando se acercaba a recepción para buscar al médico encargado de Lucas, sintió un suave "clic" en su móvil. Miró el teléfono, algo confundida, con el corazón latiendo rápido. No estaba segura de qué esperaba, pero cuando vio el remitente, su estómago dio un vuelco. "Poderoso magnate." Por un segundo, dudó en abrirlo. «¿Y si me rechazó? ¿Y si fue un error enviar ese correo? ¿Y sí es un loco, o un pervertido? ¡Dios mio ayúdame!» Tragó saliva y abrió el mensaje. "Señorita Ramírez, su solicitud ha sido recibida. Necesito confirmar algunos detalles antes de proceder. Le espero mañana a las 10:00 a.m. en mi oficina. Le adjunto la dirección. No llegue tarde." Amaya se quedó mirando la pantalla, incapaz de procesar lo que acababa de leer. —¿Será verdad? —murmuró, mientras miraba la dirección. Una sola palabra se repetía en su mente. Lucas.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD