Matilde apretó los labios, su mirada se endureció. —¿Orden médica? ¡Esto es un atropello! Yo no estoy loca. ¿Quién ha ordenado esto? —exigió, con voz firme a pesar del nudo que comenzaba a formarse en su garganta. Antes de que el hombre pudiera responder, Claudia y Eusebio entraron en la habitación, sus rostros serenos pero cargados de una satisfacción oculta. Matilde los miró con incredulidad. —¿Esto es cosa de ustedes? —preguntó, con el dolor y la furia visibles en su expresión. Claudia se encogió de hombros con una sonrisa fría. —Querida suegra, hemos notado que últimamente no estás en tus cabales. Es nuestro deber asegurarnos de que recibas el cuidado adecuado —expresó con una dulzura fingida que solo avivó el enojo de Matilde. —No puedes hacer esto, Eusebio. ¡Soy tu madre! —grit

