Amaya pasó toda la tarde dándole vueltas a las palabras de Claudia. Las dudas y el dolor se apoderaron de su mente, haciéndola sentir pequeña, insignificante. Aunque sabía que amaba a Álvaro, no podía soportar la idea de ser la razón por la que su vida se desmoronara. Decidió que lo mejor era darle una salida: el divorcio. Así, él podría recuperar su lugar en las empresas y en el mundo que tanto le importaba. Álvaro abrió la puerta del apartamento con un suspiro pesado. Su cuerpo reflejaba el cansancio y la tensión del día, pero al ver a Amaya en la sala, una ligera sonrisa suavizó su expresión. Ella estaba sentada en el sofá, con los brazos cruzados y una mirada distante. Algo en su postura lo puso alerta. —Amaya —la llamó mientras dejaba sus cosas sobre la mesa—. ¿Estás mejor? ¿Cómo te

