Matilde dejó escapar una pequeña risa sin humor, sacudiendo la cabeza. —Eusebio siempre ha sido un hombre… débil cuando se trata de tentaciones. Y Silvana sabía muy bien cómo jugar sus cartas. Pero no te confundas, Amaya. Ese tipo de mujeres nunca gana a largo plazo. Álvaro lo entendió, y por eso la dejó. Y tú no deberías preocuparte por ella. Tú tienes algo que ni Claudia ni Silvana pueden comprender: amor genuino y una relación basada en confianza. Eso las aterra más que cualquier otra cosa. Amaya apretó los labios, sus pensamientos eran un torbellino. La revelación la había sacudido profundamente, pero no podía negar que las palabras de Matilde eran reconfortantes. —No entiendo cómo pueden ser tan… cínicos. ¿Cómo puede Claudia querer que Álvaro acepte a alguien así, sabiendo lo que h

