Álvaro no alcanzó a responder antes de que uno de los hombres que acompañaba a Matilde diera un paso adelante. —La señora Matilde no está loca —dijo con firmeza—. Soy el doctor Pablo Montiel, psiquiatra certificado, y le he realizado todos los exámenes pertinentes. Puedo confirmar que goza de excelente salud mental. Eusebio, claramente irritado, se levantó del sillón presidencial. —¿Qué clase de circo es este? —preguntó, mirando a su madre con desdén. Matilde se detuvo frente a la mesa, ignorando el comentario de su hijo, y señaló el sillón presidencial con un movimiento de la mano. —Retírate de ese sillón, Eusebio. Esta junta la convoqué yo —declaró, su tono era tan firme que todos en la sala quedaron en silencio. Eusebio bufó, pero finalmente se apartó con un gesto de desdén. Matil

