Amaya apretó ligeramente las manos sobre su regazo, pero no respondió. Claudia notó la tensión y continuó con un tono más suave, casi maternal. —Silvana proviene de una familia muy respetada, querida. Gente distinguida, acostumbrada a moverse en nuestro círculo. Sabe cómo manejarse… cómo encajar con alguien como Álvaro. Lo entiendo, esto puede ser intimidante para ti. Pero no te preocupes. Álvaro te aprecia, estoy segura. Amaya sintió cómo esas palabras buscaban tocar sus inseguridades. Sin embargo, respiró hondo y levantó la barbilla. No iba a ceder terreno tan fácilmente. —No me siento intimidada, señora Claudia —respondió con una leve sonrisa—. Álvaro y yo estamos bien. Silvana puede ser alguien importante de su pasado, pero lo que realmente importa es su presente. Y yo estoy aquí, a

