La luz matutina se filtraba a través de las cortinas, iluminando tenuemente la habitación. Álvaro se revolvió entre las sábanas, sintiendo cómo la pesadez del alcohol le nublaba la cabeza y le secaba la boca. Todavía con los ojos cerrados, intentó moverse, pero algo —o alguien— lo mantenía pegado al colchón. "¿Qué demonios es esto?" pensó, incómodo, sin abrir los ojos. De pronto, sintió un brazo pesado caer sobre su pecho. La sensación lo dejó inmóvil, y su corazón comenzó a latir más rápido. ¿Había llevado a alguien con él? Su mente nublada intentaba reconstruir los eventos de la noche anterior, pero las imágenes llegaban a retazos, inconexas. Un murmullo bajo, grave y ronco rompió el silencio. Álvaro apretó los párpados, tratando de convencerse de que estaba soñando. Pero entonces, al

