Amaya se giró hacia él, sus ojos se llenaron de indignación. —¿“Se nos escapó”? ¿De verdad crees que esto fue culpa mía? —respondió, ella también alzó la voz. Álvaro frunció el ceño, cruzando los brazos. —No estoy diciendo que sea tu culpa, pero como supervisora, era tu responsabilidad asegurarte de que todo estuviera perfecto. Esto no debería haber pasado. Las palabras de Álvaro cayeron como un peso sobre Amaya. La decepción en su tono era como un golpe directo a su orgullo. —¡Revisé todo! No hubo ningún problema cuando lo supervisé. Esto no tiene sentido, Álvaro, y lo sabes —replicó, acercándose a él con las manos apretadas en puños—. Si alguien falló, no fui yo. —Entonces, ¿quién? —preguntó Álvaro, su voz subió un tono más alto—. ¿Crees que alguien lo hizo a propósito? Porque si

