Pov Valeria.
Y así me siento, una pequeña ratona acorraladapor un enorme gato, con manos gruesas y posesivas, con aliento a crema de diente y con ojos oscuros. Me volteo asustada y enseguida le sonrió con nerviosismo.
—Hola, Mattia ¿cómo estás? Viniste a la boda —En su labio se dibuja una sonrisa de burla.
—Como no venir a la boda de mi propia hermana —Se burla—, por cierto, estas hermosa —dice tomando una uva de la mesa que tengo atrás y llevándola a sus labios.
Detallo el movimiento que hace al abrir e introducirla en su boca; el jugo que sale de la uva y cae en sus labios. Acto seguido el italiano se relame los labios para después sonreirme logrando que todas mis articulaciones se contraiga:
—Gracias tenía que estarlo para la ocasión —Sonrío.
—O tal vez porque sabías que estaba aquí —Me pasa por el lado y se sienta enfrente de mí.
Veo como abre su chaleco y como cruza su pierna arriba de la otra. También toma una copa y la lleva a sus labios para dar un pequeño sorbo. Las piernas me tiemblan y estoy pensando seriamente en salir huyendo de aquí, pero simplemente no tengo la fuerza de voluntad para hacerlo.
—Claro que no —Acomodo mi cabello hacia atrás—, ¿por qué tendría que importarme si estás aquí o no?
—Que se yo —responde con indiferencia.
Hago lo mismo que él y me sirvo una copa de whisky. La llevo a mis labios con las manos temblorosas y trato de regular mi respiración.
«¿Qué me pasa? ¿Por qué cojones me pone tan nerviosa su cercanía?»
—Puede ser porque quieres pagarme lo que me debes —Habla logrando que respire con normalidad.
Pienso por varios segundos y me doy cuenta que de nuevo no tengo dinero para pagarle y aunque sería una falta de respeto de mi parte volver a decirle lo mismo, las palabras salen de mi boca;
—Gasté todo mi sueldo en este vestido —las mejillas se me tornan rojas—, quiere decir…
—Que tampoco tienes dinero para pagarme hoy —frunce las cejas.
«Tragame tierra»
Lo veo ponerse de pie y dejar la copa casi llena en la mesa para después acercarse a mí con cuidado. Cuando lo tengo al frente tengo que subir mi mirada para detallarlo ya que es por varios centímetros más alto que yo. Contengo la respiración esperando que me diga cualquier cosa desagradable por mi osadía, pero en vez de eso suelta;
—Cuando termine la celebración te diré como podemos saldar está deuda, Valeria —susurra pasándome por el lado. Estoy apunto de soltar un suspiro cuando lo veo devolverse hasta a mí y decirme con determinación: —No bebas tanto, te necesito sobria.
Ignoro por completo las punzadas que se forman en mi vientre bajo y como si no lo hubiera escuchado tomo otra copa de whisky. Además, ¿quién es él para decirme si puedo o no puedo beber?
La noche transcurre en medio de copas. Gabriella junto con el esposo llegó un poco tarde y la verdad, no pude evitar echarle un ojo al ruso; lo conozco, lo ví el día que tomaron la editorial, pero reconozco que verlo con traje y todo galante me hizo soltar algunas babas, porque, carajo, si Luciano Morgan y el hermano son intimidantes este hombre es como ver a Hércules en versión mejorada.
Suspiro detallando que ya la mayoría se han ido, incluso el ruso y la esposa y acomodo mi bolsa para irme. Mattia había estado mirándome toda la noche de una manera que me heló por completo la sangre, pero después de un rato simplemente desapareció.
No obstante, salgo después de despedirme de Paula y mis amigas y camino hasta donde está mi auto con un poco de decepción en mi rostro.
«Y no sé porque cojones estoy decepcionada»
Le recibo las llaves al guardaespaldas y abro la puerta de mi auto justo para subirme pero enseguida siento como una mano se posa en mi cintura. No necesito ser adivina para reconocer su perfume varonil, y mucho menos su aura intimidante.
—¿Estás huyendo? —Me pregunta sin apartar la mano de mi espalda.
Me doy la vuelta y le Sonrío. Este hombre me exaspera, vive apareciendo de la nada como si estuviera espiandome desde algún lugar donde no puedo verlo.
—No, pensé… que te habías ido —le respondo enseguida.
Sus manos entran en su bolsillo mientras me sonríe abiertamente.
—Ya ves que no, ¿nos vamos? —me pregunta señalándome su auto.
—Bueno, yo podría ir en mi auto a dónde sea que vamos. Digo, no lo puedo dejar aquí tirado.
—No lo harás, mañana lo tendrás contigo —Achica los ojos y me señala la camioneta blindada de color plomo.
Aprieto la mandíbula y como una idiota lo sigo. Mattia me pide las llaves del auto y yo se las entrego para después de que me abra la puerta subirme a su auto. Él hace lo mismo, no sin antes indicarle a los guardaespaldas algunas cosas en italiano.
«¿Y si le está diciendo que va a secuestrarme?»
Trago doble y estoy apunto de decirle que mejor me voy y qué conseguiré un préstamo para pagarle, pero este enseguida enciende el auto. Aprieto las piernas cuando siento la velocidad que ejerce y él enseguida me mira por el rabillo del ojo.
—¿Tienes miedo Valeria? —su pregunta es tan profunda que me hace arder la garganta.
—¿Tendría por qué tenerlo? —pregunto de vuelta.
—Depende —paso la saliva que no sabía que tenía acomulada.
—¿De que? —El masoquismo debería ser mi segundo nombre.
—¿Si tienes miedo de tu esposo o de mi? —sonrío.
—Soy invisible para mi esposo señor Morgan, ahora la pregunta sería, ¿tendría por qué tenerle miedo a usted? —Lo miro directo a los ojos.
Enseguida sus cejas se arquean como si no pudiera creer que soy un cero a la izquierda para mi marido. Lo veo carraspear con descubierto para después responder:
—El mafioso es mi hermano señorita Ordóñez, no yo, así que no me tengas miedo —Responde con una sonrisa baja bragas.
Me dejo llevar por el momento, porque realmente lo que siento no es miedo sino nervios por estar cerca de él y dejo que me lleve al lugar que quiera. No quiero resistirme a nada, la verdad aunque quiera negarlo deseo sentir sus besos y aunque parezca loca por querer eso de un desconocido, ¿quién no querría besar a este hombre?
Unas horas después, siento la mirada insistente de alguien. Abro los ojos con curiosidad dándome cuenta que me quedé dormida y pego un brinco cuando lo veo mirarme.
—Llegamos —Me dice quitando su cinturón de seguridad.
Hago lo mismo que él y enseguida me bajo paga seguirlo; un hotel cinco estrellas salta a mi vista y la tranquilidad que tenía desaparece enseguida. Él mira el rubor en mis mejillas y responde con cierta tranquilidad en su rostro;
—No vinimos para acá a lo que piensas —bufo.
Por un momento llega a mi mente esos memes de f*******: de cuando el hombre le dice a la chica que van a al hotel a “hablar” y enseguida sonrío en su dirección.
«Yo si quiero que hayamos venido a lo qué pienso»
Camino pegada a él y enseguida que estamos dentro le entregan las llaves de lo que parece ser un suite. Por lo que entiendo no es la primera vez que viene aquí, y por mi mente pasa la posibilidad de que no sea la única mujer que ha traído y sin ninguna razón siento como la rabia me sube.
«¿Acaso se puede sentir celos de un hombre que apenas conoces?»
La respuesta definitivamente es sí, aunque no debería. Subimos por el ascensor en un completo silencio y apenas llegamos este me indica con la mano que siga. Lo veo abrir la puerta de una habitación y luego puedo detallar el interior del lugar.
Hay una cama matrimonio con sábanas de color vino, (poco típico en hotel por lo que creo que tienen preferencia), también hay una mesa de noche, con varios libros encima y una lámpara negra.
—Siéntate —Me indica señalando una silla giratoria blanca.
Hago lo que me dice y este enseguida saca de la pequeña nevera que está en un rincón, una taza de uvas extremadamente grandes. La pone en la mesa y también lo veo sacar una botella de vino tinto para servirme una copa, pero… extrañamente él no se sirve una, sino que solo saca una botella de refresco que enseguida destapa y lleva a los labios. Frunzo el ceño y me pregunto mentalmente, ¿por qué? ¿Por qué no bebió en toda la boda y por qué ahora no lo hace? Quisiera preguntarle, pero simplemente mis labios se niegan a hacerlo.
—Y entonces, ¿qué hacemos aquí señor Morgan? —es lo que digo por fin.
Él deja la botella a un lado y lo veo caminar al otro extremo de la habitación después de decirme que lo siga. Otra habitación se hace notar, solo que mucho más pequeña, dónde hay un lienzos, un juego de pinceles y pintura. Frunzo las cejas confundida y llena de intriga por lo que veo, pero el italiano me saca de cualquiera duda cuando me dice con una voz fina, pero llena de morbo;
—Desnúdate.