Ratoncita

1458 Words
Pov Valeria. Miro los diez vestidos que tengo en la cama y frunzo el ceño al darme cuenta que no tengo nada que ponerme. «La mayoría son ejecutivos y oscuros» Así que decido salir de compras. Nunca he sido buena ahorrando, y mucho menos si me invitan a una celebración donde seguramente estará llena de mafiosos guapos y deliciosos. «O hermanos de ellos» Aprieto mi labio inferior con fuerza al recordar los ojos del italiano y también sus labios rosados. «¿A qué sabrán?» me pregunto mentalmente mientras las mejillas se me tornan rojas. No obstante, sacudo mi cabeza convencida de que voy a la boda para distraerme y no para verlo y salgo de mi habitación después de tomar mi bolsa. Mientras bajo las escaleras, puedo ver a Laura sentada en el sofá con las piernas cruzadas en el respaldo mientras toma una copa de vino. «No la soporto» Le paso por el lado ignorándola por completo y subo a mi auto con las manos empuñadas. «No sé hasta cuándo voy a soportar tanta humillación» Enciendo el auto y conduzco tratando de relajarme. A los veinte minutos, llego a la boutique donde compro mis vestidos habitualmente. Enseguida la chica que me atiende me muestra los últimos vestidos de colección, elijo dos y llamo a Luisa para que me ayude a elegir uno de esos, ya que con estas cosas ella suele ser más… ”experimentada” podría ser la palabra. —Lu, estoy de compras y no sé qué vestido elegir —le digo señalándole los dos que tengo en la mano. Uno es n***o con un broche dorado debajo de los senos, y el otro es uno rojo de mangas caídas. —Y menos mal que me llamaste, porque si es para la boda que me contaste, ninguno de esos dos vestidos están aprobados. —Frunce el ceño y yo ruedo los ojos. —Están elegantes y… —Y, los mafiosos no solo son elegantes, son sexis, calientes y sobre todo divertidos. Estoy segura que hasta los escoltas estarán regios y divinos, así que tú mi vida no serás la excepción, no mientras yo viva —Habla decidida. «¿Para que la llamé?» Le pido a la empleada que me muestre otros más para la ocasión y está me saca varios vestidos, entre ellos uno dorado que llegaría más arriba de mi rodilla y que además, es abierto en mi espalda; es realmente brillante y llamativo, por lo que creo que si entro a la iglesia con eso, hasta los santos dirán “amén” y no del amén que deberían. —¡Es demasiado s****l! —Le digo cuando veo que lo detalla. —¡Es el indicado, es el indicado por dios! Con esto el italiano caerá rendido a tu pies y créeme que será él el que te quedará debiendo —Me rio nerviosa y está enseguida me fulmina con la mirada sabiendo lo que diré. —No quiero que nadie caiga a mi pies —le digo con una mueca de burla en los labios. —No trates de engañar a una abogada, puedo deducir hasta tus más cochinos pensamientos. Apostaría que te andas dando amor propio en su nombre todas la noches… —Cuelgo la llamada y miro a todos lados con la cara roja. «Luisa suele ser muy espontánea» Termino por elegir el vestido dorado y cuando voy a pagar me doy cuenta que es tan costoso que se me va todo el sueldo de este mes en el. Lo aprieto con fuerza y pienso seriamente si es necesario gastar tanto dinero en un vestido y enseguida la respuesta llega a mi mente. «Cuando me muera no me voy a llevar nada», este es mi pensamiento la mayoría de las veces que gasto sin consciencia y lo más peculiar de todo, es que al otro día amanezco viva y sin dinero. Le entrego la tarjeta a la chica y esta enseguida la pasa por el monto requerido. Tomo la bolsa con una sonrisa de satisfacción en mi rostro y vuelvo a casa más nerviosa y ansiosa que otra cosa. «Voy para distraerme y para no quedarle mal a mi amiga» Subo a mi habitación de la misma manera como entré y comienzo con mi rutina temiendo que no voy a llegar a la ceremonia y que tendré que ir hasta la dirección de la celebración. Por suerte las dos direcciones están en la tarjeta, así que me relajo y tomo una ducha aromática. Después de media hora, salgo lista para ponerme manos a la obra. Asimismo, me maquillo haciendo notar más mis ojos y mis pequeños labios, como también hago algunos bucles en mi cabello; aplico crema hidratante y perfume para después colocarme el vestido, logrando arrepentirme inmediatamente que lo tengo puesto. «Muestra toda mi espalda» Y no solo eso, la abertura en el pecho hace que mis pequeños senos en forma de copa se vean más atrevidos. Me miro en el espejo y doy varias vueltas con la cara roja antes de ponerme las sandalias de tacón rojo. «Vi la combinación en una revista», y realmente combinado con mi bolso de mano del mismo color me hace lucir espectacular. Me quito el anillo de matrimonio y lo guardo en una cajita para después bajar apresurada. Por suerte ya Laura no está en la sala de la mansión, por lo que supongo que está con William en la habitación ya que puedo visualizar su auto en la cochera. Ignoro la punzada en mi estómago y bajo con premura al auto. No obstante, subo para comenzar a conducir. La hacienda queda saliendo de la ciudad por lo que presumo que llegaré al anochecer. «Y vaya que quedaba lejos» Dos horas después llego realmente sedienta y cansada de tanto conducir. Parqueo el auto y le entrego la llave a uno de los hombres que custodia para luego entrar apresurada y como era de expresarse todo es glamour y elegancia. «Es que hasta los guardaespaldas están para comérselo con las manos», cosa en lo que Luisa tenía razón. Busco con la mirada a Paula y la hallo junto con sus hijas y el esposo que por cierto, tienen los ojos tan oscuros y misteriosos que me hace tragar grueso. «Y tener pensamientos impuros» —¡Paula! —la llamo con la mano incapaz de acercarme. —¡Valeria, viniste! Por un momento pensé que no vendrías, ven, siéntate con nosotros —Me jala por la mano. —He, prefiero sentarme con las chicas —Le digo sincera—, ¿y los novios? ehh, le debo el regalo —le digo con las mejillas coloradas. —No te preocupes, mira, te presento a mis hijas —me dice mostrando a las niñas. «Son hermosas» Las saludo una a una sin poder creer que todos estos años Paula las ocultó tan fácilmente que hasta no puedo creer que sean suyas. Hablo con Paula unos segundos y huyo de ahí hasta donde están el resto de mis compañeras que, apenas me ven me halagan por el vestido. Les agradezco y tomo una enorme copa de whisky para después sentarme con ellas a mirar el lugar. La elegancia y finura junto con el misterio caracteriza la decoración y ni qué decir de los invitados, muchos son trabajadores de la editorial y puedo reconocer algunos de las textileras de mi padre. «Hasta el más santo tiene un guardado» Me tomo toda la copa y tomo otra mientras muevo mi pierna con nervios, hasta que… lo veo entrar y sentarse en una de las mesas y tomar a una de las niñas de Paula. «El cuerpo me vibra y la garganta se me seca» Lo detallo hablar con ella y no puedo evitar sonrojarme; es realmente alto, elegante, con su traje n***o y una bufanda azul rey alrededor de su cuello. Su cabello n***o se ve más brillante y sus labios están tan rojos como si se hubiese puesto algún tipo de brillo en ellos. «¡Dios mío es perfecto!» Me relamo los labios y lo observo por varios minutos sin despegar mis ojos de él, pero al ver que sube la mirada y me sonríe de lado mientras me guiña un ojo me deja fría. «¿Acaso sabía que lo estaba mirando?» Me volteo realmente nerviosa y tomo otra copa que ingiero de golpe logrando marearme en el acto, pero dicho alcohol se va de mi sistema en el preciso momento que siento su respiración cerca de mi oído mientras me dice; —Con qué viniste a pagarme, ratoncita —Su voz es profunda—, temo decirte que el crédito se acabó para tí, de hoy no pasa que saldemos esa deuda.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD