Su mirada profunda

2082 Words
Isabella salió a toda prisa dejando a su hijo a cargo de Kristen, tenía un pedido importante el cual lo debía realizar ella personalmente, no podía negarse debido a que era una de sus mejores clientas. Pero, todo debía hacerlo a escondidas para que Leo no se llegara a enterar y tener enfrentamientos con él; su cabello suelto era golpeado por el aire mientras que caminaba a toda prisa. Al cabo de unos cuantos minutos más tarde, la prisa que llevaba se quedó a un lado al pasar la calle sin fijarse que un auto alcanzó a golpear su cuerpo. Isabella ante aquel golpe dio unos cuantos giros para luego caer al piso, por suerte el golpe no fue tan drástico, pero aún así sus brazos y piernas recibieron leves golpes; de inmediato el conductor de aquel auto bajó tan rápido como pudo y fue a brindar su ayuda. —¿Señora se encuentra bien? —preguntó con aquel tono de voz vidriosa sintiéndose bastante preocupado ante lo sucedido. —Sí, solo ha sido un pequeño golpe, me debo ir, tengo mucha prisa —ella dijo con rapidez, intentó levantarse, pero ante el susto que se había llevado cayó desmayada en sus brazos. —¡Una Ambulancia!, ¡por favor que alguien llame a una ambulancia! —él gritaba con todas sus fuerzas sintiéndose preocupado por la salud de aquella mujer que se había estrellado contra su auto. Pocos minutos más tarde una ambulancia se encontraba en el lugar; los paramédicos al ver los hechos rápido fueron en su ayuda, la recibieron de los brazos de aquel hombre y fue llevada sobre una camilla. En aquel preciso momento en el que los paramédicos tomaron sus signos vitales, ella despertó bastante asustada y desubicada. —¿Dónde estoy y por qué me tienen acostada en esta camilla? —ella hizo un poco de fuerza para levantarse, pero los paramédicos lo impidieron. —Cálmese, se ha desmayado y por ello los paramédicos se encuentran brindando su ayuda —ella rápidamente negó con su cabeza. —Tengo mucha prisa, el tiempo conspira en mi contra —Isabella una vez más intentó levantarse. —Permita que la revisen para cerciorarnos de que todo está bien y le prometo que yo la llevaré en mi auto hasta donde quiera que se diriga, por más prisa que tenga no puede lanzarse a la calle de esa manera. »Por fortuna logré reaccionar a tiempo, tan solo ha sido un pequeño roce lo que ha tenido con el auto —Isabella con su cabeza inclinada mantenía la distancia entre ella y aquel hombre. —¿Le debo algo? —él bufó ante aquella pregunta. —Acaba de golpearse y lo que le preocupa es saber si me debe algo, lo que realmente importa es que se encuentre bien, y de ser necesario será llevada a un hospital, todos los gastos van a ser cubiertos por mi cuenta. —¡No!, no tengo tiempo para ir a un hospital, si tanto le preocupa mi bienestar que sean un par de vendas y eso será suficiente. —Los paramédicos al igual que aquel hombre quedaron sorprendidos ante la manera en que ella hablaba. —¿Prisa, qué podría ser más importante que el estado de su salud? —él se acercó aún más a ella para observar de cerca. En aquel preciso instante en el que el paramédico recogió de su cabello para revisar su cuello, aquel hombre quedó sorprendido ante su belleza, aquel espléndido tono de piel hacía que resaltaran sus hermosos ojos verdes. —¿Sucede algo, por qué me observa de esa manera? —él trago saliva y tomó aliento. —Nada, mi nombre es Harry Lewis y le aseguró que me voy a ser responsable de lo que acaba de suceder —dijo mientras estiraba su mano queriendo estrecharla con la suya. —Mi nombre es Isabella Morris y si quiere ayudar con algo, que sea olvidándose de lo que ha sucedido el día de hoy, no quiero llegar a tener inconvenientes por mi torpeza, si busca sentirse bien por lo que ha sucedido créame que lo ha conseguido. —¿Qué podemos hacer para convencerla, necesitamos hacerle estudios un poco más avanzados para descartar lesiones en su cráneo? —le dijo uno de los paramédicos muy cerca del oído a Harry. —Isabella es por tu bien, ellos deben llevarte a un hospital para revisar tu estado de salud, espero estés de acuerdo porque sería una completa irresponsabilidad por parte de todos los presentes sí te dejamos ir en esas condiciones. —Dije que no, así que les pido el enorme favor que no sigan insistiendo, no sé ni cuanto tiempo llevo aquí en este lugar y me preocupa llegar a ser descubierta —Harry al igual que los paramédicos se preguntaban sobre ¿qué era eso que tanto le afanaba? —¿Lo que le preocupa es algún tema laboral, o quizá algo personal? —ante la pregunta ella rodó los ojos e intentó una vez más levantarse de la camilla. —No quiero llegar a ser grosera con ninguno, pero son cosas personales y no tengo porque llegar a dar explicaciones —Harry llevó la mirada hacia el costado donde había quedado lo que ella llevaba en sus manos. Al levantar aquel paquete observó que se encontraba dentro un vestido, a pesar de la distancia a la que fue arrojado aún continuaba en condiciones aceptables, nuevamente regresó hasta donde se encontraban ellos y de inmediato al ver el paquete ella lo tomó. —¿Eres mensajera o algo similar? —ella inclinó la cabeza y de inmediato negó—. ¿Es tuyo, lo has comprado para ti? —Esta vez ella no respondió. —Así todo es bastante complicado, en sus pertenencias ni siquiera hay una identificación, ni mucho menos trae consigo un teléfono móvil para poder contactarnos con algún familiar. —¿Sabes de algún teléfono al cual nos podamos comunicar para dar aviso de lo que te ha sucedido? —ante aquella pregunta ella reaccionó rápidamente. —No, como tengo que explicarles que no quiero nada, lo único que quiero es irme tranquilamente, ustedes van a conseguir que algo malo suceda —la insistencia por parte de Isabella para que la dejaran ir preocupó de sobremanera a Harry. —¿Acaso tienes problemas legales, has robado ese vestido? —¿Qué te sucede, tan mal estoy que parezco una ladrona? —No, lo pregunto porque actúas de una manera bastante extraña y lo único que queremos es ayudarte. —Si lo que deseas es ayudarme entonces déjame ir, yo me encuentro muy bien de salud, tan solo son unos cuantos raspones superficiales. —Está bien, si deseas irte la única condición es que me permitas acompañarte, te llevaré en mi coche al lugar al cual ibas con tanta prisa. —Ok, entonces vamos ahora mismo porque no tengo tiempo de sobra. —Al parecer ella se encuentra bien, la llevaré en mi auto y sé que es bastante irresponsable lo que voy a decir, pero si se pone mal yo mismo la llevaré al hospital más cercano. Ante sus palabras los paramédicos se observaron apretaron los labios y levantaron las cejas, Harry sabía la enorme responsabilidad que había admitido al haber aceptado hacerse cargo de ella. —Espero que no se vaya a arrepentir más adelante, lo que realmente importa aquí es que esa mujer se encuentre bien, porque de lo contrario, deberá recibir atención lo más antes posible. —No soy un doctor, pero ella asegura que no le duele nada, les aseguro que no la voy a dejar sola hasta que quede en compañía de algún familiar. Harry ayudó a bajar de la camilla a Isabella, la llevó directo a su auto y luego de ajustar la puerta dio vuelta y él también subió. —¿Muy bien, ahora indícame a dónde deseas que te lleve? —su cabello alborotado cubría su rostro. —Solo conduzca derecho, cuando estemos cerca le avisaré —su voz temblorosa dejaba al descubierto que sentía miedo. —Me puedes contar ¿qué es lo que te ha sucedido, por qué actúas de esa manera como si tuvieras temor de algo o algo? —ella continuaba en silencio mientras que él no podía dejar de observar. —Alto, hemos llegado —Harry detuvo el auto e intentó bajar. —No, ya ha sido suficiente con lo que has hecho por mí, así que te pido el enorme favor de que me dejes tranquila, con tu presencia lo único que causarás serán problemas —ante sus palabras queda completamente sorprendido porque no logra comprender lo que está sucediendo con aquella mujer. —¿Deseas que dé aviso a la policía?, le pregunto porque quizá ellos te puedan ayudar —levantó la mirada y la fijó en él. Aquellos ojos color verde completamente humedecidos dejaron a Harry completamente desarmado. —No quiero que estés un segundo más a mi lado, Leo es peligroso y me puede hacer daño donde me vea en compañía de alguien y más si se trata de un hombre. —¿Leo?, ¿Quién es esa persona y por qué te puede hacer daño?, por favor permíteme ayudarte, te juro que no logro comprender nada de lo que está sucediendo contigo. —Leo es mi esposo y es muy agresivo, nunca en tu vida quisieras encontrarte con un sujeto similar, te lo estoy contando solo para que me dejes ir tranquilamente y no me sigas presionando, porque no solamente me estás poniendo en riesgo a mí. »Tu vida también corre peligro si él llega a encontrarnos juntos, un solo segundo en querer atacar con toda su fuerza —Harry abrió los ojos como un par de platos al describir aquella persona. —Está bien, lo haré con la única condición de que me des tu número personal, no me pondré en contacto contigo siempre y cuando tú no lo hagas antes —él de su bolsillo sacó una tarjeta y se la entregó en su mano. »Cuando estés a salvo espero que te pongas en contacto conmigo así podré asegurarme de que estés bien, si no lo haces daré aviso a las autoridades para que acudan en tu ayuda —su tono de piel se opacó al instante sintiendo temor por lo que su esposo le pueda llegar a ser. »Para estar seguro que me vas a dar tu número verdadero dame tu teléfono para hacer una llamada al mío y poder guardar tu número —ella con su mano temblorosa sacó del bolsillo el móvil. Harry hizo la llamada y guardó el número de aquella mujer, pocos minutos después lo regresó en su mano. —Como lo puedes ver no soy una persona fuerte, ni mucho menos conflictiva, pero sí tengo gran influencia con abogados, policía y otras personas que se interesan por el bienestar ajeno, así que si tú lo deseas de inmediato te podemos ayudar ante aquel agresor. —Ya te digo que no, no te sigas metiendo en mi vida ya déjame tranquila y no me causas más problemas —giró su cuerpo y abrió la puerta del auto. —Recuerda soy Harry Lewis y te podré ayudar en lo que necesites solo si tú me permites ayudarte —habló elevando su voz mientras que ella salía del auto. Una vez estuvo fuera, salió dando pasos largos mientras que con su mano libre masajeaba su pierna que seguramente le dolía de sobremanera. Harry se quedó allí por unos cuantos minutos estacionado hasta que la perdió de vista, aquello que le había sucedido había sido lo más raro que había sucedido en toda su vida. Inclinó la mirada hacia la silla donde ella se encontraba, observó una pequeña cartera, la cual era del tamaño de la mano; estiró el brazo y la tomó en su mano observándola detenidamente. Esperó en aquel mismo lugar aproximadamente por una hora, tiempo suficiente para que aquella mujer regresara por aquella cartera. El tiempo pasó y ella jamás regresó, Harry llevó la mirada a la hora y esta vez el preocupado era él, debía estar en la fiesta de su aniversario porque de lo contrario su esposa se iba a molestar con él de sobremanera. Encendió el auto y condujo a toda prisa en dirección de su casa, mientras lo hacía no podía olvidar el rostro de aquella mujer y mucho menos su hermoso nombre.
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