Bajo amenaza

1788 Words
Luego de haber bajado del auto de Harry, Isabella fue tan rápido como pudo hasta la casa de aquella clienta; al llegar allí no tuvo tiempo de entregar el paquete ella personalmente, así que le pidió a una de las personas encargadas del servicio que le hicieran el favor de hacer la entrega. Ni siquiera dos minutos duró en la puerta de aquella casa, dando pasos mucho más largos de los que había llegado se dirigía hacia el taller de modistería; más que nada le afanaba llegar lo más antes posible todo para que si llegara Leo la encontrará allí junto a su pequeño hijo. Sabía muy bien que si su esposo llegaba y no la encontraba allí iba a pasar una muy mala noche; los golpes que habían en su cuerpo comenzaban a hacer efecto, haciendo que ella bajara el ritmo con el que iba hacia su taller. La frente sudorosa, todo su cuerpo temblaba como un gran trozo de gelatina ante el temor de ser descubierta por aquel hombre que solía llamarse esposo. Unos cuantos pasos más adelante recordó su pequeña cartera; su piel al instante cambió de color, no era para menos debido a que allí dentro tenía sus documentos personales y el anillo de compromiso, el cual se lo retiraba para poder trabajar cómoda en las máquinas. Su pecho se quería detener sintiendo una enorme presión; le costaba respirar tan solo al imaginar lo que le iba a hacer su esposo cuando se diera cuenta que no tenía el anillo. La desesperación hizo que Isabella rompiera en llanto; en aquel preciso momento no sabía si continuar con su camino o devolverse para buscar en el lugar del accidente su pequeño bolso. Inclinó su cuerpo quedando de rodillas al piso mientras que rompían llanto; al cabo de pocos segundos después nuevamente rompió el cielo cayendo una impresionante lluvia. Con su cuerpo completamente empapado se levantó y continuó caminando, una de sus piernas le dolía más que la otra, lo cual hacía que caminará dando pequeñas pausas; a la distancia logró ver que frente a la entrada principal de su taller se encontraba la camioneta de su esposo. Apresuró el paso, pero ya no había nada que hacer estando muy cerca dio marcha y se alejó a alta velocidad; bajo los brazos golpeando con sus palmas sobre sus piernas, no quedaba duda alguna de que esta iba a ser la peor noche de su vida. Al llegar se encontraba su amiga Kristen con sus mejillas húmedas, al verla levantó las manos y cubrió su boca, luego tomó una toalla y se acercó a ella. —Lo siento amiga, Leo se ha llevado a Toby, fuera de ella se encuentra completamente molesto, ese endemoniado hombre va a acabar contigo si te atreves a llegar a casa esta noche —hablaba con su voz temblorosa. »Hubieras visto la manera en la que ha ingresado, en el momento en el que preguntó por ti no supe que debía hacer, mi cuerpo se atrofió, al no saber que responder él muy desgraciado me tomó de los brazos y me sacudió como un costal de patatas. »Su fría y penetrante mirada fijándose en la mía me hacía sentir como una basura; lo siento mucho amiga, pero tuve que decirle la verdad, por mi culpa vas a pasar una terrible situación. »Ya es hora de cambiar tu mala manera de vivir al lado de ese hombre, yo misma te puedo acompañar para que des aviso a las autoridades, no es justo que te golpee y te trate como si fueras lo más insignificante en la vida. —No —respondió Isabella con su voz temblorosa y un tanto desgarradora—. He sido yo quien ha cometido las faltas, soy yo quien a cada instante le da motivos suficientes para hacerlo enojar, él solo actúa de esa manera porque soy una mala mujer. —Isabella, mírame no digas esas cosas, porque no son ciertas; no tienes ni la más mínima libertad de decidir por tu propia cuenta, no puedes salir sin su permiso, tu vida es un completo caos al lado de ese hombre —Ella negó rápidamente con su cabeza mientras continuaba llorando. —Nunca pondré a Leo en riesgo, y donde lo llegara a hacer en algún momento quedará libre, en aquel preciso momento en lo único que va a pensar es querer acabará con mi vida. »No podré esconderme de sus alcances, su maldad es tanta que no tiene límites. Yo te agradezco desde el fondo de mi corazón por lo que intentas hacer, pero te pido el enorme favor de que no te entrometas, no solamente me pones en riesgo a mí sino también a mi hijo. —Te juro que jamás llegaré a hacer algo para poner en riesgo tu vida o la de tu hijo, lo único que intento es ayudarte, por favor reacciona Isabella, a su lado lo único que encontrarás es dolor momentos difíciles y aunque no lo creas estás en cautiverio. »Estoy completamente segura que el día de mañana te voy a ver con moretones en tu cuerpo, tu estado de ánimo completamente por el piso, todo debido a las agresiones de aquel imbécil. —De ser así soy culpable de ello; he perdido la cartera y en ella se encontraba el anillo de compromiso, muy por encima lo conoces y sabes muy bien lo que me espera por haber sido una estúpida —Rompió en llanto sobre el hombro de Kristen. —Ay amiga, eso es bastante grave, siéntate mientras que yo cierro y me podrás poner al tanto de cómo te pudo suceder ese terrible suceso —Isabella fue hacia un cómodo sofá mientras que su amiga cerraba la puerta—. ¿Por qué caminas de esa manera? —preguntó bastante sorprendida. —Siéntate a mi lado, necesito desahogarme antes de llegar a casa —Isabella contó al detalle lo que le sucedió, mientras lo hacía su amiga abría sus ojos como un par de platos quedando atónita ante sus palabras. —Tienes muy mala suerte amiga, como es posible que te sucedan tantas cosas malas en tan poco tiempo —Isabella levantó los hombros y al mismo tiempo mostró las palmas de sus manos, las cuales se encontraban heridas. —Lo peor es que en algún momento perdí también el móvil y la tarjeta de aquel hombre, he quedado completamente incomunicada con él, no existe ni la más mínima posibilidad en que vuelva a ver o pueda comunicarme con aquel hombre para preguntarle sobre mi cartera. —Lo mejor que puedes hacer es que el día de mañana a primeras horas vayas a una joyería y consigas la sortija más similar a la que has perdido. —Leo es bastante audaz y no creo que esta noche logré pasar desapercibida la falta de aquel objeto en mi dedo —Kristen estiró las manos y tomó las de Isabella. —Trata de hacer hasta lo imposible todo para salir bien librada esta noche, o porque no le mientes y pasas la noche en mi casa —Isabella bufó ante aquel comentario levantándose rápidamente. —Lo conozco a la perfección y donde me atreva a pasar la noche fuera de casa no va a descansar hasta encontrarme y pobre de mí cuando lo haga, te aseguro que esa es una pésima idea, lo mejor que puedo hacer es ir a casa y aceptar mis errores. Kristen inclinó la cabeza, luego exhalo con fuerza sintiéndose completamente impotente ante el hecho de no poder brindar salidas y soluciones a su amiga para que no sea golpeada por su esposo. »Ya es demasiado tarde, no puedo quedarme un minuto más en este lugar, me puedes dar dinero de la caja, no tengo ni un solo centavo para pagar el taxi —Kristen apretó los labios y fijó la mirada en ella. —Lo siento amiga, pero el muy desgraciado se ha llevado todo el dinero, permíteme voy a mi bolso y te doy lo suficiente para que llegues a casa a salvo, llevas una muy mala situación junto a aquel desgraciado que controla hasta tus negocios. »Aún no logro comprender porque te tiene tan oprimida, este lugar es capaz de sostener todas tus necesidades económicas, pero todo el dinero que ingresa te es arrebatado únicamente para enseñarte quien es el que manda. »No es justo que tengas que vivir dependiendo de ese mal hombre, ¿por qué tienes que pedir permiso para tomar lo más mínimo de dinero que cualquier persona necesita?, sabiendo que tus ingresos en esta modistería son bastante elevados. —Basta Kristen, por favor no continúes que ya me siento demasiado mal como para que me recuerdes del infierno en el que vivo —su amiga tomó unos cuantos billetes de su bolso y se los dio en aquella temblorosa mano. »Nos vemos mañana, eres la mejor amiga del mundo, sin ti a mi lado no sabría que sería de mí —le brindó un abrazo alejando un poco su cuerpo para no mojar a su amiga. —Sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites, siempre estaré disponible y al pendiente de ti, no puedo estar tranquila sabiendo que te encuentras en manos de un desgraciado. —Kristen fijó la mirada en ella. »Promete que si te llega a golpear, mañana mismo iremos en búsqueda de ayuda en las autoridades; lo siento mucho, pero no puedo permitir que ese animal acabe con tu vida —como respuesta recibe negación rápidamente con su cabeza. —Promete que vas a respetar mi decisión y jamás vas a traicionar la confianza que te he brindado, sin importar lo que veas en mí el día de mañana guardarás el secreto, porque sabes muy bien que he sido yo la culpable de lo que ha sucedido. Negando con la cabeza Kristen soltó unas cuantas lágrimas sintiendo una enorme tristeza por la manera en que piensa su amiga. —Adiós y gracias Kristen, haces un excelente trabajo te aseguro que pronto te daré las mejores vacaciones de tu vida. —Un beso con sus helados labios le dio a su amiga en la mejilla y se retiró con su cuerpo temblando de frío. Tomó un taxi y fue directo a casa, mientras que iba de camino su cuerpo temblaba, pero no lo hacía tanto por el frío, era más bien por el temor que se estaba apoderando de ella, porque sabía muy bien que su esposo la esperaba con fuertes ansias para reclamarle por el abandono de su hijo. Aún así no podía pasar por alto recordar el rostro de Harry Lewis, en especial aquella mirada con sus ojos oscuros que observaban hasta su alma.
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